19 abril, 2008

ELEGY




De inmaduro a podrido y yo no salgo volando


Creo que nunca os he hablado de mi padre. Os contaré lo que le solté a mi psiquiatra en una de mis primeras sesiones. Le dije que mi padre se quedó atrapado bajo la rueda de un tren y que, aunque su cuerpo estaba partido en dos, el tío seguía consciente hasta que el tren echó marcha atrás, un par de metros. Entonces recogieron los trozos de mi padre. Dicho esto, miré hacia la papada de mi psiquiatra y subí, despacio, hasta llegar a sus ojos de morsa. No se lo tragó, claro. Mi psiquiatra es gordo, calvo y un pelín cojo pero no es tonto. Elegíaca de la leche la historia de la pérdida de mi padre pero mentira cochina, claro. La verdad es que mi padre se piró y dejó a mi madre con el marrón (es decir, moi).

El caso es que me he criado rodeado de mujeres (mi madre y el resto de las Chicas de oro, sus amigas) y, claro, digamos que mi visión del mundo es bastante femenina. Por ello, me ha costado meterme en esta peli. ¿Cómo empatizar con un tipo como el prota? Difícil… No, imposible. Quizás por eso tengo la sensación de haber visto la peli pero desde lejos, sin meterme dentro, sin entrar del todo.

Se nota la mano de Isabel Coixet tras la cámara, su personal mirada. Pero también se nota que el guión no es suyo, que no es una historia con el peculiar sello “Coixet” como la estupendísima “Mi vida sin mí” (o incluso “La vida secreta de las palabras” o "Cosas que nunca te dije"). Claro está que uno puede empatizar con la Sarah Polley de “Mi vida sin mí” mucho más que con el tipo hedonista y vanidoso de Elegy. Sin embargo, también así demuestra la amiga Coixet su grandeza, tomando entre manos un ambicioso proyecto de producción americana sin su tipología de personajes femeninos habitual. Afortunadamente, Meyer y Coixet han eliminado mucha testosterona gratuita, lo cual es de agradecer. Gracias, majos.

Esta es una de esas películas en que se dibujan interrogantes de los grandes como por ejemplo: ¿Qué sentido tiene todo esto (la vida y tal)? Los personajes andan perdidos en su circo particular dando absurdas piruetas en un número histriónico y tontorrón. ¿Da el amor sentido a algo? No sé, pero algo así nos plantea la historia. ¿Da el compromiso algún sentido? ¡Que no lo sé! ¿Por qué da miedo que alguien te quiera? ¡Qué sólo soy un adolescente, por Dios!

El título de esta adaptación cinematográfica de la novela de Roth, “El animal moribundo”, ya nos indica que la cosa no es una comedia precisamente y, aunque la palma hasta la script, a mí no me ha hecho sentir nada. Será porque la he visto de lejos, porque la historia no ha conseguido agarrarme y hacerme volar desde mi butaca centradita en la fila ocho y meterme dentro de la historia. En mi absurda opinión, está claro que ver una peli desde lejos no es una buena señal.

La historia de amor que cuenta el film es de esas que fastidia un poco por el tufillo misógino, por ese prota que ve a su amante como un cuerpo, obsesionado por su belleza. Croquetando: obsesionado por sus tetas y por su rostro, que es una obra de arte.
Él es un tipo que no acepta que se ha hecho mayor, que ha envejecido pues, como dice, en su cabeza todo sigue igual. Será verdad ese aforismo lapidario de mi madre y el resto de las Chicas de oro: Los hombres pasan de inmaduros a podridos.

Sin embargo, no recuerdo haber visto un enamoramiento tan palpable como el de Cruz-Kingsley desde aquel film (un pelín ñoño, todo hay que decirlo) en el que Robert De Niro y Meryl Streep se enamoraban en un tren. Es algo mágico y alucinante hacer que el espectador pueda palpar el amor o el enamoramiento. A través de un juego de gestos y miradas que, de repente, uno identifica como reales, como espontáneas ¡y vas y te lo crees! Desde luego, Penélope Cruz hace una interpretación brillante que justifica ir a ver la película, palabra de Guardián.

Resumiendo: El guión es correcto, la peli tiene un ritmo correcto (utilizo el mismo adjetivo porque es el que quiero utilizar y no porque no sepa más ¡Ya vale con el rollo de que los adolescentes somos palurdos!), la dirección personal de Isabel Coixet y su mirada tras la cámara le dan un plus de interés e intimismo a la cinta que es, sobre todo, un duelo interpretativo con Satie de fondo. Sin embargo, yo sí echo de menos a la Isabel Coixet de “Mi vida sin mí” que me metió en la historia un minuto después de sentarme junto a mi amiga agorafóbica en su estupenda sala de proyección, que huele un pelín raro, como a hospital.

Elegy (2008)
Dirección: Isabel Coixet
Guión: Nicholas Meyer

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola guardián , como no voy al cine , no soporto los espacios cerrados , lleyendo tus " tontorronadas " me entero de los estrenos.

¡¡ Yupi por tus comentarios !!

El Guardián dijo...

Ahora mismo estoy en Benidorm con las Chicas de oro y no puedo escribir en este mi pequeño blog ¡porque me tienen FRITO!

Espero que algún día te decidas a salir de tus mundos de Yupi y nos veamos en la fila 8 de algún cine. Los cines son el espacio cerrado más abierto del mundo.

El Guardián (rojo como un gambón)
Siempre habrá panchitos y galletitas para ti en mi blog.

Anónimo dijo...

Yo no soporto a Penélope Cruz y esa voz chillona que tiene.

V. de vida conmigo. dijo...

Viendo que fue el post de no soportar, añadiré que no soporto a Coixet. A la persona. Me da repelús y me recuerda a Lucía Extebarría, otra que me produce urticaria.

Sin embargo, sus películas me parecen llenas de una ternura inabarcable y de mucha sensibilidad. Me parecen muy cuidadas y mimadas. Desde A los que aman vengo siguiendola y esta, Elegy,ha pasado desapercibida en su historail de pelis hechas y en el mío de sus pelis vistas. ¿Será que no me creía la relación? Sin embargo tu dices que es de lo más real que has visto. ¡Qué cosas!

V.

PD: Siempre me pareció interesante suicidarse bebiendo acetona.

PD2: Mi padre es mago. Frustrado, pero mago al fin y al cabo. Llevo pillandole los trucos desde hace años, pero no se lo digo nunca.

PD3: No podía ser de otra forma, Benidorm y chicas de oro...

El Guardián dijo...

Querida V. for Vendetta:
No se lo digas nunca, lo de los trucos. Tienes suerte de tener un padre y además un padre que te hace trucos de magia.

V. que ya avisó de que volvía dijo...

¿No te comenté que estaba en pleno ciclo Coixetiano? (dicho así suena a que lo hago cada 28 días...)

Yo no he visto tan claramente a Coixet como tu tras la cámara. Tampoco me ha parecido un personaje el de Kingsley tan hedonista ni tan vanidoso, al contrario, me ha parecido inseguro y acomplejado en el fondo, aunque te concedo que no así en las formas.

Siguiendo con Coixet, veo más precioso el enamoramiento de Lee en Mi vida sin mi, "el clásico enamoramiento", incluso el que realta Ann en los videos que nunca llegan.

Confieso que me han encantado las conversaciones entre Hopper y Kingsley y que me está costando muchísimo terminar con Mapa de los sonidos de Tokio porque me aburre soberanamente.

V.

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