02 octubre, 2009

ANTICRISTO ("spoiler" total)


El tenebroso bosque de la mente, unos zapatitos del revés y cristales rotos

Últimamente ando cabizbajo y busco la soledad en cualquier rincón. No os voy a contar qué me pasa, aunque soy tan patético que seguro que acabo haciéndolo, pero sí os diré que, cuando me miro en el espejo, veo a un tipo al que sólo me apetece darle un puñetazo. En cierto modo, eso es "Anticristo", un puñetazo contra el cristal que nos refleja y ya se sabe que uno siempre acaba cortándose cuando intenta recoger los cristales rotos del suelo del baño.

Sinopsis va sinopsis viene: Un niño se arroja por la ventana de su casa mientras sus padres (sin nombre, llamémosles: él y ella) hacen el amor. De este poderoso prólogo (en blanco y negro con movimiento ralentizado y con Häendel de fondo y que finaliza con el tambor de una lavadora que se para, es decir, la vida se detiene) parte una historia que se irá tornando cada vez más y más oscura desde que el padre del niño muerto, psicoterapeuta para más datos, decide enfrentar a su mujer con sus miedos para rescatarla del agujero de dolor en el que se ha sumergido. El escenario que eligen para la curación es una cabaña en el bosque, llamada Edén, donde la mujer trabajó un año antes en una tesis sobre el asesinato de mujeres acusadas de brujas y la naturaleza diabólica de lo femenino.Sólo con la sinopsis ya queda claro que este es un film pelín controvertido. Sin embargo, es sobre todo un film poderoso tanto en el relato como en la puesta en escena (las imágenes deformadas, los estados de alucinación y el ruido se manejan con talento), pero el amigo Von Trier requiere un esfuerzo, y más que nunca en esta ocasión, por parte del espectador. Este film se mueve en lo simbólico y, por ello, requiere que el espectador esté dispuesto a interpretar y reinterpretar todo lo que ve y a dejarse llevar por un film muy sensorial, doloroso si uno decide poner de su parte y meterse en el relato y, probablemente, aberrante si uno decide no hacerlo. Von Trier, majete como pocos, nos invita a un descenso a los infiernos de la inquietante mano de una grandiosa Charlotte Gainsbourg (que se merece un monumento) y de un muy inspirado Willem Dafoe.

El film se inicia con un retrato del dolor ante lo espantoso, ante lo insoportable, es decir, parte de la premisa de que nos va a contar el desconsuelo, principalmente, de una madre ante la muerte de su hijo y parecemos asistir a las fases de duelo. Sin embargo, Von Trier se guarda en el bolsillo una serie de datos siniestros que no nos revelará en toda su profundidad hasta la llegada a Edén, la cabaña en el bosque. Si bien es cierto que desde el principio se nos dan pistas sobre EL VERANO ANTERIOR, nadie puede imaginar que la historia tomará un tono tan oscuro. Sin embargo, como explicaré más adelante, pues esto es sólo un antipasti, creo que Von Trier hace esto de forma intencionada para unir (en este caso, desmembrar) contenido y forma pues será en Edén y no antes donde lo simbólico, el inconsciente, pase a primer plano y vertebre la historia. Es decir, Edén será la clave y allí las reglas del juego serán otras. Lo cierto es que esta huida de las pautas de la narración convencional es uno de los aspectos que más atractivos me parecen de ANTICRISTO pues el espectador sentirá que, de repente, la historia se pervierte y muta en algo no esperado y todo se torna mucho más retorcido y tenebroso.

La cabaña Edén o el hundimiento de la casa Usher

Edén y el bosque que la rodea es un lugar en el que lo simbólico y lo onírico-alucinatorio pasan a primer plano. En Edén la naturaleza se altera, está enferma, se retuerce y funciona como metáfora de esa mente oscura en la que Von Trier nos invita a entrar, sin dejar de sonreírnos con esa maldad tan nórdica (los nórdicos son muy suyos).
El espacio como metáfora

La inquietante niebla que cubre los alrededores de Edén, ese puente cargado de simbología del que ya no hay retorno, los fantasmas del propio terapeuta, su sentimiento de culpa, que se muestra en esas imágenes en que la naturaleza bucólica se pervierte y se vuelve aberrante, todo forma parte de una atmósfera enfermiza, de un lugar donde el mal se extiende como también pasaba en el Hotel Overlook de “El Resplandor”.

En Edén, la naturaleza es agresiva, todo es hostil, como las bellotas que caen incesantes sobre el tejado (recordad la mano de Dafoe). Todo es desasosegante, maléfico, nada es inocente ni gratuito en Edén porque en Edén todo son símbolos.

Por supuesto, la cabaña se hundirá, al igual que lo hiciera la casa Usher, engullendo a la pareja hacia las tinieblas. Una expulsión del Edén aplastante.

El encuentro con uno mismo


El jardín del Edén, un lugar que no podría ser más idílico, se torna pesadilla porque cuando nos aislamos, y nos encontramos con nosotros mismos, todo se retuerce y se vuelve tenebroso, quizás así sea nuestra esencia. A lo mejor por eso vivimos apiñados, para no dejar sitio a nuestros fantasmas. Sin embargo, la pareja sin nombre decide aislarse e ir en busca de sus miedos más ocultos.

Al igual que en la fascinante “El Resplandor”, el aislamiento dará paso al mal, a aquello que debe permanecer oculto. Os lo tengo dicho, ¡nada de abrir trampillas en el techo ni mirar debajo de la alfombra del salón!

Lo “unheimlich”, que dirían Schelling y Freud.

Aparece de nuevo el concepto, acuñado por Schelling, de “unheimlich” como algo que se manifiesta cuando debería estar oculto y que muestra la otra cara de lo familiar, de lo amable. Así, las vivencias se vuelven siniestras, inquietantes, sobrecogedoras. Más tarde Freud también escribiría sobre el concepto de "lo extraño inquietante", también traducido al castellano por "lo siniestro".

Este es un tema que me parece apasionante porque uno no debe irse muy lejos para encontrar lo terrorífico, lo más siniestro siempre está muy pero que muy cerca y la familia, desde luego, es un saco sin fondo.

En lo extraño inquietante, el juego dialéctico de lo familiar y de lo extraño, por el hecho de que está concentrado en el mismo objeto (familiar y extraño a la vez, escondido y desocultado), se complica extraordinariamente. Lo paradójico consiste en que la fuente de pavor no es lo extraño en su oposición inmediata a lo familiar, sino que lo que antes era familiar, emerge bajo un aspecto amenazante, peligroso, siniestro y que, a su vez, refiere algo conocido desde siempre que ha estado oculto, en la sombra. Cabe mencionar aquí esa foto que el marido encuentra la primera noche en la cabaña. Una foto en la que la mujer aparece en primer término y el niño de fondo. El rostro de ella tiene algo extraño, una expresión turbia, distante y el niño parece estar lejos de ella, apartado.

Me interesa mucho la lectura de lo familiar como foco de lo terrorífico. Lo espantoso, como os he dicho, se esconde bajo la alfombra de la sala de estar, ¿habéis mirado alguna vez debajo de la alfombra? Pues no lo hagáis. Sin embargo, aunque es muy recurrente en el cine y la literatura, debo advertir que siempre me fijo (fijación) en este tema porque mi mirada está pervertida, no es limpia, la de nadie lo es. Yo interpreto según mis experiencias e intereses y desde ahí entiendo el mundo y por eso, quizás, la interpretación de alguien sobre algo, en este caso un film, puede llegar a alterar el propio objeto analizado. Es decir, yo soy mi punto de vista y desde ahí pervierto lo que veo y desde ahí interpreto ya sea el mundo o una película e interrelaciono los conceptos con mis recursos. Así pues, seguramente este film plantea muchas otras interpretaciones y abre muchas puertas que a mí me resultan inaccesibles debido a mi falta de recursos y al filtro de mi mirada.

El año pasado en Marienbad, perdón, en Edén

Como os comentaba, Trier nos avanza mediante diálogos que algo ocurrió el año anterior cuando ella estuvo sola en Edén con el niño, pero hasta el momento en que Willem Dafoe abre la trampilla en el techo (clara metáfora del inconsciente) de la cabaña no descubriremos lo que ella esconde, su “yo” oscuro que aflora en la soledad de una idílica cabaña en las montañas.

De repente, el espectador arma en su cabeza una idea aterradora de ese verano anterior del que sólo tenemos algunas polaroids sucias, oscurecidas. Un verano que percibimos como terrorífico para un niño aislado con una mujer que se encierra a trabajar en su tesis sobre el ginocidio y que se pierde en sus profundidades.

El personaje de ella es el que está más hundido en el agujero, en su propio agujero, y lo que más le aterroriza es que la dejen sola allí y, por ello, impide a su hijo huir de ella (le pone los zapatos al revés lo cual le producirá una lesión en los pies) y le atraviesa a su marido la pierna con un hierro y fija, con una tuerca, una gran piedra de afilar en uno de los extremos. Me parece brillante la imagen del niño con los zapatos del revés pues, aunque es una imagen muy sutil - hay que fijarse para darse cuenta-, es algo que uno percibe como doloroso pues quien debería enseñarle a andar le impide andar. Lo del marido es menos sutil, claro, pero refuerza el miedo de ella al abandono.

Volviendo a la trampilla en el techo –nunca hay nada bueno detrás de una trampilla, os lo tengo dicho-, él hallará en ese altillo OCULTO las notas para la tesis y varias ilustraciones de brujas torturadas o quemadas (nada es gratuito, por cierto).El hecho de descubrir que ella trabajaba en ese lugar oculto viene a añadir más ingredientes siniestros a la idea, ya de por si pavorosa, que nos habíamos hecho del verano anterior. Sin embargo, todo va in crescendo y cuando Dafoe echa un vistazo al cuaderno de notas sobre la tesis descubre algo sobrecogedor.

La escritura es algo que hacemos como seres sociales. Si fuéramos enfants sauvages, no sometidos a una socialización, nunca habríamos aprendido a hablar y mucho menos a escribir. Así pues, la pérdida de la capacidad de escribir denota esa desconexión con lo social, con lo establecido (y con la propia legitimación o interiorización de lo establecido), con el mundo de lo consciente y abre la puerta a un submundo interior mucho más profundo y que escapa a la socialización, a las normas. Un lugar retorcido y oculto en el que se esconde lo esencial, lo aterrador del ser humano (recordemos que si Edén funciona como metáfora, llegar allí ha sido duro y el ruido mundano queda infinitamente lejos, no hay ninguna conexión con la civilización, con lo social). Ese “yo” oculto, ese inconsciente aterrador aparece, sale a la luz en el descenso a los infiernos y, al igual que Jack Torrance en “El Resplandor” se encerraba para escribir y acababa mostrando su desconexión con el mundo a través de su escrito repetitivo, la protagonista de este film acaba garabateando en su libreta de notas. Se ve la evolución desde una caligrafía perfecta hasta unos garabatos ininteligibles, delirantes, de alguien que ha desconectado totalmente con la realidad. Así pues, la escritura refleja nuestro “yo” racional, social (artificial en gran medida) y la pérdida de esta conexión con la realidad muestra, a su vez, la incapacidad de vertebrar el pensamiento de forma escrita porque seguramente es un pensamiento demasiado ininteligible para ser transcrito. Por ello, quizás, el guión busca cierta desunificación, no sólo en su estructura en capítulos sino en la intencionada ruptura con una sensación de unidad durante todo el film. Observemos que incluso las texturas cambian. Estéticamente también se huye de la unidad, pues éste es un film que se adentra en lo más oscuro de la mente, en el inconsciente y, por ello, la forma intenta retorcerse y desmembrarse como el contenido.

Así mismo, sólo lo primario tendrá cabida en la protagonista y el sexo será una constante a la que agarrarse cuando incluso su forma de hablar mute en un berreo histérico, en una repetición del mismo insulto.

Al igual que en “El Resplandor” Wendy veía hacia el final del film a uno de los fantasmas del Overlook, este film también termina con Dafoe invadido por los fantasmas. Uno no puede descender a los infiernos y salir indemne, uno sale lisiado tanto física como psíquicamente y eso, desde luego, se refleja con detalle. Así mismo, se hace patente una idea muy recurrente en la filmografía de Trier: el mal como virus.

Por último, me gustaría destacar la gran dosis de auto-destrucción que hay en el personaje de ella. Se cuestiona la feminidad a la vez que la encarna de una forma desatada. Así pues, mantiene una lucha interna, hasta que le pone fin con una automutilación. De este modo, destruirá lo único que aliviaba su dolor, su culpa, su mal.

Conclusiones desmembradas

El film se compone de tres capítulos encadenados a modo de vía crucis que marcan un descenso a los infiernos, de la pareja protagonista, ya anunciado a través de la caída de las tres figuras (que marcarán cada capítulo) en el prólogo. Al final, el epílogo nos devolverá la textura del prólogo pero para cuando el espectador llega al epílogo se encuentra tan lisiado como el propio protagonista.

Al igual que me pasara con la brillante “La pianista” de mi admirado Hanneke, son las secuencias más truculentas las que menos me impactan. Recuerdo el revuelo que se armó con la secuencia de la pianista en que se autolesiona y a mí lo que me dejó conmocionado fue la secuencia en la cama con su madre. Con “Anticristo” me ocurre lo mismo, la sangre y las lesiones son lo que menos me afecta y lo que me parece menos destacable, aunque sí creo que tienen lugar dentro de este relato y no me parecen gratuitas. Sin embargo, no me parece que lo sobrecogedor del film resida en ellas y me sorprende el abucheo que tuvo en Cannes este film puesto que creo que se trata de una propuesta sólida (en absoluto delirante o gratuita), absorbente y poderosa. No es, en mi absurda opinión, el mejor film de Von Trier pero, desde luego, no es cine vacío sino todo lo contrario. En “Anticristo” se esconden tantas lecturas como cristales rotos en el suelo del baño.

"Antichrist" (2009)
Dirección: Lars von Trier
Guión: Lars von Trier y Anders Thomas Jensen

13 comentarios:

Clara dijo...

¡Viva! Voy a dejar de llamarte "El Guardian", ahora te llamare "El Sabio" ¿que te parece? Hacia muuuuucho, mucho, mucho que no leia una de tus "breves" reflexiones.

No la he visto y no creo que la vea. Cuando lei de que iba dije NO, normalmente este tipo de pelis me comen mucho la cabeza... Aunque igual en un futuro lejano, dentro de 40 años, la vea..

Un consejo, nunca le des un puñetazo al espejo.. el proceso de sacar los cristalitos duele y es desagradable. :)

Prometeo dijo...

Buen trabajo, gran critica que me deja in alvis y con la decision de no verla...un fuerte abarzo en ese inframundo.

Anónimo dijo...

Estimado Guardián,

Qué fácil haces las cosas. Me habían dicho de todo de esta película pero ahora entiendo que nadie la mira objetivamente. Siempre son apuntes completamente personales contra el director, los actores, ciertas escenas... nadie como tú para ver más allá e iluminarme un poco (mucho).

Tienes una manera exquisita de decir que es una gran película pero que no te ha gustado mucho. Enhorabuena.

Por cierto... me has dejado intranquilo con tu rabieta. Qué te ha disgustado tanto? Todo bien Guardián?

Dix

Zoetropo dijo...

Mi estimado:
Nuevamente ha sido un placer leer tu reseña, que por cierto veo que se estan tornando cada vez mas ilustradas... Sera que la carrera elegida fue psicologia?
Me parece que no soy la unica que esta pasando por un momento un tanto osucuro... En cuanto pueda me voy a bajar la pelicula porque parece la decision perfecta.
Esta muy interesante el tema del incosciente, y me parece que es bueno verlo tambien como algo que se repite en toda la filmografia de Lars Von Trier. Que contrariedad que algunos directores como este, Peter Greenaway o Woody Allen siempre sean vistos con ojos inquisidores por la critica. Por suerte no ha sido tu caso! Lo celebro!
Por cierto, que lejos quedo el Von Trier del dogma, no? Tengo que admitir que me gusta mucho mas este.
Un beso al bueno de Nosfe!
Tuya,

Monica Vitti

El Guardián de la fila 8 dijo...

Mi querida CLARITA:
Hay cierto placer siempre en el dolor, ¿no? La tentación es fuerte, no se si podré contenerme.

Muchas gracias por leerte este tostoncillo, eres un solete.

Bueno, pues ya me dirás qué te ha parecido de aquí a 40 años ;)
Esperaré sentado en el sofá azul con Nosfe.

Un abrazo con pantuflas y cristalitos en el puño,
El Guardián

El Guardián de la fila 8 dijo...

Amigo PROMETEO:
Gracias por leerte mi comentario pero siento que te haya hecho decidir no verla. Aysss, como se entere Lars, me da un buen collejón ;)

Un placer verte por estos lares, maestro Prometeo.

Un abrazo desde el No Mundo,
El Guardián

El Guardián de la fila 8 dijo...

Querida DIX:
Caray, tantos parabienes no pueden ser buenos ;)
Pues lo cierto es que no sé si es una gran película pero sí me gustó verla así que creo que he transmitido lo contrario de lo que pienso, ¿no?
Ayss, Dix, no es una rabieta, es que estoy metido en un agujero muy profundo y oscuro.

Muchas gracias por sentarte en el sofá azul y acariciar a Nosfe.

Un abrazo oscuro,
El Guardián

El Guardián de la fila 8 dijo...

Querida ZOETROPO:
Mil gracias por sentarte en el sofá azul y leerte mis chorradicas y encima comentarlas.
Pues sí, supongo que el dogma fue una etapa pero hay que seguir evolucionando y experimentando, claro.
Bueno, ya me dirás qué te ha parecido la peli cuando la veas.

Por cierto, tu web es estupenda.
A Nosfe le encanta, quizás por ese aire retro que tan bien pega con su estilismo ;)

Un abrazo con el silbido del aire en los oídos,
El Guardián

Jesi dijo...

Hola Guardián y Nosfe:

hoy no cuento con mucho tiempo, asi que no comentare su entrada, ademas no la termine de leer, aqui en México aun no se estrena y con eso del spoiler no me gustaria perder la magia; en fin, les deje un par de cosas en mi blog, por si tienen un ratin libre, pueden darse una vuelta.

Nos "vemos" luego...

Anónimo dijo...

Buena critica, aunque no he visto la peli.
A veces me das un poco de miedo, en serio.

K. Dick

kimera dijo...

Querido Guardián
Después de ver esta peli y de leer tu análisis, me reafirmo en lo que te he dicho alguna vez (y que seguramente te repetiré), lo mejor de esta obra es cómo la explicas.
Me da pelín de miedo lo de que hay cierto placer en el dolor. Parece que lo hayas descubierto en tus propias carnes y quizá por ello veas belleza en Anticristo. Tengo la absoluta convicción de que Lars von Trier ha hecho este film para él, por sus narices, para exorcizar sus propios fantasmas o para demonizar a las mujeres. Si a los demás nos gusta se la "refanflinfla".
Besitos para tí y cuida de Nosfe, no se nos vaya de paseo con los mendigos a Edén.

El Guardián de la fila 8 dijo...

Querida KIMERA:
Creo que me quieres casi tanto como a ROSANA ;)

Mil gracias por tu comentario, que me ha alegrado este día tan lamentable que llevo. Aysss, estoy de un siniestro que tira de espaldas.

Sin duda, siempre hay ese tufillo misógino en Trier y ¡en esta peli ya ni te cuento! Pero creo que hay mucho cine en Anticristo.

Hay placer en el dolor, claro, yo ahora estoy hundido en la miseria y sentirme así de mal es en cierto modo reconfortante. Uno puede regocijarse en el hundimiento. Aysss, qué penica me doy a mi mismo y esas cosas...

No sabes cuánto me alegra verte en el sofá azul y, en cuanto a Nosfe, no te preocupes que no creo que vaya muy lejos ;)

Un abrazo hundido,
El Guardián

Anónimo dijo...

Me gusta este señor director (empiezo a reconocer en mi propio trabajo situaciones de El jefe de todo esto) y me gusta Dafoe (Sargento Elias en mi recuerdo). Se podría decir que tenemos todas la papeletas para encontrarno en Anticristo, pero me temo que esta vez no va a ser.

Me quedo servida rompiendo las olas, que es lo último que hemos compartido.

V.

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