Demasiado colorete y una familia junto al televisor
Este fin de semana ha sido pelín siniestro y bastante triste, la verdad. Una de Las chicas de oro (las amigas de mi madre) murió el viernes por la noche. La pobre estaba en una de las sesiones privadas y ultrasecretas que da Maggie en la trastienda y sufrió un infarto. No sé muy bien qué estaban haciendo ni cómo pasó (yo soy un crío para ellas y hay muchas cosas que no me cuentan, claro), sólo sé que el sábado no tuve que ir a currar y que el domingo me enfundé en un traje negro (que me está pequeño) para ir al tanatorio y luego al funeral. Todo muy alegre y colorista, vamos.
Al llegar al tanatorio Las chicas de oro se lanzaron sobre mí, como si fuera una bandeja de canapés, para darme besos y achuchones. Mi madre rompió ese cálido momento obligándome a entrar con ella a ver “el cuerpo”. Yo le dije que no, que no y que no. Y ella, a modo de respuesta, me agarró fuerte del brazo y me arrastró a ver a su amiga fiambre aderezando tan agradable paseillo con una de sus inspiradas teorías educativas: “debes ver cómo es la muerte, hijo. Esto te hará madurar”.
De viva a fiambre la amiga de mi madre no había cambiado mucho, sólo un pelín. Más que nada debido al montón de maquillaje que le habían puesto, casi parecía caribeña. No sé si a todos los muertos les ponen tanto colorete, pero no tengo ganas de hacer una comparativa al respecto, la verdad. Al cabo de 2 milisegundos ya estaba deseando salir de esa pequeña sala en la que sólo se oía el ruido de la refrigeración, pero mi madre no me soltaba el brazo y me obligó a seguir mirando aquella cara con demasiado colorete durante una eternidad. ¡Por lo menos durante 3 minutos o algo así!
La misma sensación (de no querer ver más) la tuve el viernes por la tarde (sí, yo estaba en el cine mientras en la trastienda se lo pasaban de muerte) cuando vi el remake (copia plano a plano del film original de 1997) que Haneke ha hecho de su propia peli “Funny Games”.
Los créditos sin música de fondo y las letras rojas ya nos están avisando: "Eh, esto es una vuelta de tuerca. Esto no es la ficción habitual".
Desde el arranque, el film me parece una revisión del gran Kubrick. Una pareja con un niño se dirigen en coche hacia su peor pesadilla a través de un hermoso paisaje. Sí, claro, “El Resplandor” me viene a la cabeza. Sin embargo, en el film de Kubrick el enemigo (en una de las posibles lecturas) está dentro de la familia, el Mal está dentro. Aquí uno podría pensar que el Mal es algo de fuera, un elemento perturbador (encarnado en dos jóvenes) que se cuela en la vida de una familia acomodada. Sí, vale, pero no. El caso es que Haneke creo que intenta transmitir que lo que está podrido es la sociedad y la carga de violencia que nos tragamos a diario, sobre todo en la televisión, en la ficción. Así pues, el enemigo no es realmente algo de fuera, sino que el enemigo es la propia sociedad, somos nosotros.
Durante la secuencia del viaje en coche, la pareja (pelín repelentilla) escucha música clásica y juegan a adivinar la pieza que suena. De repente, deja de sonar Händel e irrumpe un grupo trash-punk. Esta música no es la que ellos escuchan, claro. Es decir, se nos adelanta que algo disonante aparecerá en escena y acabará con su tranquila existencia demoliéndola y desgarrándola con la brutalidad y contundencia de una apisonadora.
Hay más guiños a “El Resplandor” como la huida del niño (que incluso se quita los zapatos mojados para no dejar huellas y deshace sus pasos para despistar al agresor. Igual que hace el pequeño Danny en la memorable secuencia del laberinto). Por último, hay un plano de una bola de golf que se acerca, sin verse quién la ha lanzado. Igual que la pelota que se acerca a Danny sobre aquella moqueta diabólica del hotel Overlook. Tampoco vemos quién la lanza pero sabemos que es algo maligno, el Mal tiene ganas de jugar. Y, sin duda, el Mal es mucho más aterrador si está fuera de campo.
Sin embargo, la referencia obvia es a “La naranja mecánica”. Eso está claro. Pero yo no creo que se trate de un homenaje, sino de una revisión.
Los dos jóvenes psicópatas de "Funny Games" adoptan unos roles similares a los que se reparten Alex y sus drugos. Michael Pitt encarna en este remake americano al joven educado y refinado de mente perversa mientras que su amigo es el torpe, el gordo, el imperfecto. La caracterización (o estilismo, como diría mi madre) también tiene una clara similitud pero todo esto no me interesa demasiado. Lo que me interesa es cómo Haneke nos tortura, como hiciera Kubrick con Alex, y nos nos da tregua. Nos obliga a meternos en algo que nos incomoda, a mirar algo que nos avergüenza y perturba.

Con gran acierto, Haneke opta por
la violencia fuera de campo. Es decir, son pocas las agresiones que realmente vemos. Sólo oímos los gritos de las víctimas lo cual resulta más aterrador. Siempre es peor lo que no se muestra. Así pues, paradójicamente,
ésta no es una película con altas dosis de violencia pero sí es insoportablemente violenta.La pareja de psicópatas se autodenominan Tom y Jerry o Beavis & Butt-Head y actúan como si se tratara de un show televisivo. Así se hace clara referencia una vez más a la cultura televisiva, a una sociedad que mama violencia desde la infancia más blanda.

¿Por qué rebobina? ¿Qué diablos significa eso?
En cierto momento del film en que parece que se va a producir un giro en la trama, Paul coge el mando del televisor y rebobina lo que acaba de suceder. Se plasma el Deus ex machina (es decir, algo externo resuelve una situación sin seguir su lógica interna) y a partir de ese momento sabemos que no hay esperanza para esa familia, son víctimas sin posibilidad de escape (El juego de alargar la tortura y la apuesta tiene una doble función puesto que se nos da alguna esperanza de que la familia pueda sobrevivir y así se crea tensión dramática ya que si desde el principio no tienen ninguna opción el espectáculo decae como anuncia claramente uno de los personajes). El Mal va a ganar y desde este prisma también vemos cómo Haneke juega con las pautas de la narración cinematográfica para pervertirlas y hundirlas en el lodo. Así, por ejemplo, ese cuchillo que se nos presenta en la primera parte del metraje como una posible salida, como un elemento que va a tener un papel determinante en el film, acaba no teniendo ningún valor. Las cartas ya están echadas, no hay nada que hacer y el hecho de que Paul rebobine nos deja esto demoledoramente claro. Así mismo, Haneke hace hincapié en que es la ficción lo que está en su punto de mira y esta ficción no nos da tregua. Es crueldad absoluta y sin concesiones.
Interpelar al espectador
Otro punto en común con "La naranja mecánica" es la interpelación directa al espectador. En el film de Kubrick, Alex, como narrador, se dirigía a nosotros buscando nuestra empatía y complicidad.
En "Funny Games" Paul sonríe a cámara e incluso nos invita a ser partícipes. Los dos jóvenes asesinos hacen hincapié en la importancia del espectáculo. Así, formamos parte de un espectáculo que nos da náuseas y así, supongo, se nos invita a reflexionar sobre el tipo de ficción infectada de violencia que nos gusta devorar.
Está claro que el plano final con Paul sonriendo picarón y mirando a cámara no es inocente, es toda una declaración de intenciones. Es la síntesis de toda una reflexión que se nos lanza en este film como un guantazo: ¿No somos partícipes de la violencia? ¿No somos voyeurs atiborrados de desgracias ajenas? ¿No nos desternillamos con imágenes sangrientas y engullimos sin pestañear nuestra dosis diaria de puñetazos, tiros y apuñalamientos?
Pero, vamos a ver, ¿a qué viene la conversación sobre "Solaris"?
Pues resulta que "Solaris" es uno de mis libros favoritos y, en mi absuda opinión, la charla sobre esta estupenda obra de Lem sólo tiene una doble y simple función. Primero: Oh, qué par de chicos tan refinados. No dicen tacos ni son soeces y hablan de literatura. Claro que hablan de literatura y, sin inmutarse, empujan a una mujer al agua. Segundo: Es una obra en la que se trata la confusión entre lo real y lo ficticio, ambos planos se confunden, se diluyen. Al igual que en este film, Haneke echa un vistazo a la violencia en la ficción dándonos un toque de atención sobre cómo la ficción y la realidad se solapan y unen, sobre cómo la violencia de la ficción es como los gusanos de los muertos, lo devoran todo pero ya son parte de nosotros (lo de ver un fiambre me ha dejado pelín tocado).
Bueno, creo que se me ha ido la olla más de lo habitual pero, por favor, tened en cuenta que han sido muchas emociones en un mismo fin de semana y yo, al fin y al cabo, ¡sólo soy un pobre adolescente que no se come una rosca y que siempre acaba solo en la fila ocho de algún cine!

"Funny Games" es un film interesante, totalmente prescindible si habéis visto el original, pero para mí no se acerca ni por asomo a la que creo es la obra maestra de Haneke, “La pianista”. Esta historia de una profesora de piano, Erika, encarnada por la inquietante Isabelle Huppert es para mí una de las mejores películas que he visto. Erika es un personaje complejo, con muchas dimensiones, no es un arquetipo plano sino un personaje que te menea, que te araña por dentro y te hace pensar en ella durante semanas. Después de ver la peli (hará un par de años en casa de mi amiga agorafóbica) intenté leerme el libro de la Premio Nobel Elfriede Jelinek pero me temo que entonces yo era demasiado joven. Lo volveré a intentar cuando cumpla los 17.
Desde luego, Haneke nunca deja indiferente. En "Funny Games" juega con el espectador y le obliga a ser partícipe de algo en lo que no quiere involucrarse, quizás con la intención de hacernos conscientes de lo arraigada que está la violencia en nosotros, de lo podridos que estamos. No sé, ¡sólo soy un adolescente!
Para mí éste ha sido un fin de semana bastante desagradable, la verdad, y no sé si me ha dejado peor cuerpo ver a la amiga fiambre de mi madre inundada de colorete o ver "Funny Games"."Funny Games" (1997 - 2007) Dirección: Michael Haneke
Guión: El austríaco con barba de arriba