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08 octubre, 2008

ll y a longtemps que je t'aime

Un fraude sin flequillo, una colilla en el andén y un merengue de postre

Maggie, la amiga inglesa de mi madre, se empeñó en que me cortara el pelo. “Un nuevo look te hará un hombre nuevo” me dijo en tono confidencial. El caso es que piqué. Cuando se ponen todas Las Chicas de Oro a darme la lata con algo pues, al final, acabo accediendo por agotamiento.

En fin, que yo antes tenía un largo flequillo tras el que me escondía y tras el que escondía la mayor parte de mi acné y ahora llevo el pelo corto (muy corto y de punta). Bueno, se trata de “un corte estiloso y ligeramente despeinado”, según las Chicas de Oro, pero el caso es que yo me miro en el espejo y veo a un imbécil que no sé quién es. Un tipo que intenta aparentar algo que no es. La verdad, mi flequillo formaba parte de mí, era una seña de identidad. Ya sabéis, yo era ese chaval rarito, larguirucho, con el pelo un poco largo cubriéndole parte de la cara. Ahora es como si fuera en pelotas y no me siento precisamente un hombre nuevo, sino un fraude. Un fraude desnudo y con acné.

Bueno, como suelo hacer, me colgué mi cabreo a la espalda y me largué al cine. Sentado en la fila 8 aún me apartaba con la mano un flequillo inexistente.

Sinopsis va sinopsis viene: Juliette (Kristin Scott Thomas) sale en libertad después de pasar quince años en la cárcel. Durante ese tiempo no ha tenido ningún contacto con su familia, que la rechazó por algo que ella hizo (un secreto que se va desvelando a lo largo del film). Léa, su hermana menor, la acoge en su casa, donde vive con su marido Luc y dos hijas adoptivas. Debido al largo encarcelamiento de Juliette, las dos hermanas son como extrañas y el film es, básicamente, la evolución de esta relación.

Juliette, la mujer fría y extraña, que oculta un terrible secreto y que acaba de salir de la cárcel es un personaje que interesa durante un rato pero las expectativas sobre el personaje se van desinflando y acaban espachurradas en el suelo cuando un planteamiento que podría ser novedoso y arriesgado (quizás recordando a un complejo personaje como el de “La pianista”) acaba tornándose ñoño, previsible, poco valiente y 200 veces menos interesante de lo que prometía.

La evolución de la relación entre las dos hermanas podría haber sustentado un film menos pretencioso y más sincero pero el personaje–fraude acaba estropeando cualquier buena intención.

En fin, una historia que empieza con cierto misterio y con un personaje muy interesante y oscuro que acaba convirtiéndose en algo decepcionante y tedioso.

Además, este film, sin duda rebosante de buenas intenciones, tiene algo así como un sarpullido de tópicos ¡Los tópicos salen por todas partes! La hermana buena es profe de universidad. Es genial, en las pelis francesas TODOS son profes de universidad y súper cultos (no podía faltar una referencia a Eric Rohmer en un diálogo del film, claro. ¿Habrá un libro de estilo del buen intelectual francés?). Además, Léa y su marido han adoptado a 2 niñas (Son una pareja de anuncio: tolerantes, cultos y elegantes a la par que informales). Luego, por supuesto, también está el grupito de amigos, no pueden faltar los amiguetes cultos. Lo que decía, ¡siguen un manual!

En fin, como habréis intuido, me sentí engañado. Resulta que me presentan a un personaje oscuro y me hacen tener grandes expectativas sobre lo que esa mujer oculta y luego todas mis expectativas acaban pisoteadas como una colilla en un andén con una ñoña justificación, una explicación que lo endulza todo y lo convierte en un tartazo de nata y merengue en mi cara.

Aparte de esta gran decepción, debo comentar que me han sobrado secuencias que no llevaban a ningún lado y que me han chirriado varios diálogos, demasiado literarios y pelín petulantes.

No sé, quizás no sea buena idea ir al cine con el cabreo a la espalda. Creo que he sido muy duro con esta peli. En fin, a lo mejor la vuelvo a ver cuando me crezca de nuevo el flequillo, cuando vuelva a ser yo, en vez del fraude que soy ahora.

"ll y a longtemps que je t'aime" (2008)
Dirección: Philippe Claudel
Guión: Philippe Claudel

04 agosto, 2008

DEJAD DE QUERERME



Mi primo australiano y yo (soñando que soy otro)

Una visita masculina ha trastocado mi mundo últimamente. Resulta que un primo, al que nunca había visto antes, ha pasado un par de días en casa con mi madre (y el resto de Las Chicas de oro de las que es imposible escapar) y conmigo. La verdad, han sido 2 días estupendos. De los más felices que recuerdo… Eso de tener compañía masculina en casa (a parte de Nosfe, claro) ha sido toda una experiencia.

Mi primo es un tío alto y guapo que tiene un éxito con las mujeres que tira de espaldas. ¡Jo, es la leche! Sólo viendo cómo anda, ya sabes que es un tipo que se puede comer el mundo, que puede hacer lo que le dé la gana. No sé muy bien a qué se dedica, sólo sé que ahora está viajando por el mundo y que ha decidido pasar a vernos en una de sus paraditas por Europa. No hemos estado mucho tiempo juntos porque Las Chicas de oro le han tenido bastante monopolizado, pero los momentos en que he podido disfrutar de su compañía han sido geniales. ¡Jo, lo de tener conversaciones de hombres es alucinante! Me ha dado muchos consejos sobre cómo ligar y me ha dicho que me olvide de mi amiga agorafóbica. Dice que cuanto más le vaya yo al detrás, menos interés tendrá ella en mí (ya llevo un día y medio sin llamarla). Incluso me ha enseñado algunos truquillos sobre cómo hablar con las chicas. Espero poder ponerlos en práctica algún año de estos (este verano con Maggie y mi madre flanqueándome dudo que se me acerque ninguna chica).

El caso es que esta mañana en “Enigma” (la tienda esotérica en la que curro) me he sorprendido a mí mismo fantaseando con la idea de ser un tipo interesante y carismático, como mi primo australiano. Sí, la verdad es que cambiar de vida, romper con todo y convertirme en otra persona sería la leche. La fantasía ha llegado a su fin bruscamente cuando he visto en el espejo a un tipo desgarbado y con acné enfundado en una estúpida bata de color naranja.

Supongo que fue eso lo que me gustó de “Dejad de quererme”; un tipo que se cansa de su vida y quiere romper con todo.

Sinopsis va sinopsis viene: Un publicista cuarentón un buen día decide romper con su idílica vida (un buen curro y una familia perfecta incluidos en el pack) que, de pronto, le parece vacía y absurda.


El problema principal de este film es que me interesaba mucho más el conflicto de un tipo que se harta de su vida, que se aburre y decide dejarlo todo que el conflicto real que se desenmascara en el desenlace. Así que cuando se produce el giro hacia otros lares me siento engañado. Para mí la película se desinfla y la tensión dramática da un bajón.

El arranque del film es estupendo. La secuencia inicial (el protagonista manda a la mierda con mucha gracia y con un pareado a un cliente insoportable) es muy buena y yo me engancho de inmediato y empatizo con este tipo, Antoine (interpretado por un muy creíble Albert Dupontel, al que recordaba de “Odette”), que parece atreverse a decir lo que el resto no se atreve, que parece ser el único cuerdo en un mundo demasiado absurdo.


Tras librarse de sus ataduras laborales, sigue la ruptura familiar que tiene como colofón una estupenda secuencia; la cena con los amigos para celebrar su cumpleaños. Ésta es probablemente la secuencia más memorable del film en la que, con unos diálogos cargados de mala leche, Antoine se despacha a gusto con sus amistades y no deja títere con cabezón. Sin embargo, dado que me he criado junto a Las Chicas de oro no puedo evitar tener una especie de radar para detectar el tufillo machista y en este film hay cierto tufillo de ése. En la secuencia de la cena de cumpleaños las críticas a sus amigos masculinos se centran en lo laboral mientras que las críticas hacia las amigas son de carácter personal e incluso hay una secuencia en la bodega de la casa que me parece gratuita y poco afortunada. Creo que se podría haber conseguido el mismo efecto de tensión creciente sin tener que recurrir a un estereotipo tan manido. No sé, tampoco creo que un cineasta deba limitar su creación para ser políticamente correcto ni nada parecido, es sólo que hay ciertos estereotipos y lugares comunes que me parecen rancios y gratuitos y que creo que hay que detectarlos y masticarlos antes de engullirlos.


En “Conversaciones con mi jardinero”, film que me pareció más redondo y en el que creo que Jean Becker se desenvolvía con mayor soltura, también había ciertas pinceladas machistas (como la joven desnuda que aparece casi como un elemento decorativo en el jardín). Sin duda, Becker refleja bien las crisis masculinas pero, a su vez, deja relegado el universo femenino a algo estereotipado, vacío e incluso meramente decorativo.



Resumiendo: Éste es un film notable en su conjunto con buenos diálogos (corrosivos y a la vez naturales, suenan creíbles) y un estupendo protagonista (muy bien interpretado por Dupontel), pero el hecho de que se divida en dos partes tan claramente diferenciadas y el hecho de que el conflicto de arranque se acabe transformando en algo, en mi absurda opinión, mucho menos interesante y más tópico le restan potencia al film que arranca muy bien pero pierde fuerza en la segunda parte.

Además, a mí este tipo de films con un guión de sorpresa final no me entusiasman, la verdad. Me pregunto si no habría sido mejor que el espectador supiera desde el principio lo que realmente le pasa al protagonista, creo que la tensión dramática habría sido mayor y el personaje habría tenido más fuerza, más profundidad ya que para mí se deshincha cuando te das cuenta de que todo era un engaño, que la peli no va de lo que creías.



Todo queda perfectamente hilvanado al final, todo encaja, pero yo me quedo desinflado, con cierta decepción, porque el conflicto real es de menor intensidad (mucha carga dramática pero también muy tópico, todo hay que decirlo) que el de arranque (poco tratado y con el que yo me identifico hasta el infinito y más allá).

No sé, quizás lo que me pasa es que me siento vacío porque mi primo australiano ya se ha ido y ahora vuelvo a estar solo ante el peligro. Supongo que ha sido bonito mientras ha durado, aunque ahora sólo puedo sentirme de una forma: desinflado.

“Dejad de quererme” (2008)
Dirección: Jean Becker
Guión: Eric Assous, François D’Epenoux y Jean Becker

26 junio, 2008

THE DEAD GIRL






Un cadáver, Maggie y yo





El domingo me fui con Maggie al cine. Sí, con mi jefa inglesa. No creo que sea buena idea lo de mezclar ocio y trabajo pero, como me conoce desde que nací y nos llevamos 47 años, no sentí ningún temor a que me metiera mano durante la peli. Aunque, por mi parte, la idea de ligar con una Mrs Robinson siempre ronda por mi mente calenturienta (¡Son las puñeteras hormonas, no soy yo!). No sé, el caso es que nos fuimos juntos al cine porque nos apetecía. Nos hemos hecho muy amiguetes. Yo le enseño español (misión imposible, la verdad, porque creo que tiene un problema genético) y ella me abre la puerta de lo desconocido (the cellar door, no sé si os suena).

Maggie es una mujer de esas que irradian felicidad (en parte gracias a los “cigarrillos” que se fuma en la trastienda). Se parte el pecho por cualquier parida con una de esas risas sinceras y rotas que se contagian como un virus letal, pero os aseguro que con esta peli no se rió. Ni pizca, vamos. Admitámoslo, “The Dead Girl” no es precisamente la alegría de la huerta.

Esta peli contiene 5 historias en torno a un cadáver. Son 5 cortos totalmente independientes, con presentación-nudo-desenlace (todo muy aristotélico, como tiene que ser, pero en versión abreviada). El eje o punto de unión de las 5 historias es bastante siniestro y, claro, así es igualmente el resultado. Se trata de realismo sucio, sucísimo.

Lo más destacable son las interpretaciones desde la estupenda Toni Collette (nunca olvidaré “La boda de Muriel”) hasta una inusual Brittany Murphy acompañada de Josh Brolin, que me lo encuentro hasta en la sopa (para mí siempre será el hermano mayor de “Los Goonies”, por muchos papelones como el de “No es país para viejos” o el de “American gangster”). Sin embargo, el hecho de que las 5 historias estén absolutamente desvinculadas, que no haya una interrelación más plasmable entre ellas hace que el resultado quede desangelado.

Por otro lado, el ritmo es un poco monótono y la tensión dramática llega a un tope pues, obviamente, sabemos qué ha pasado. Así mismo, el formato de historias independientes con un punto en común tiene su gracia y puede funcionar muy bien (por ejemplo, se me ocurre “Noche en la tierra” de Jim Jarmusch) pero en este film hay algunos personajes con una psicología demasiado compleja como para plasmarla en tan poco espacio de tiempo. Además, el hecho de ver tan poco de los personajes nos hace implicarnos menos e interesarnos menos por la historia pues no se llega a profundizar en las motivaciones de los personajes, en sus antecedentes, en lo que les mueve. Todo queda en una lectura desde lejos de unas situaciones traumáticas, duras, podridas, por decirlo de algún modo.

Pelín más a fondo historia por historia:
“La extraña”
En mi absurda opinión, esta primera historia y la de la mujer del asesino son las 2 más interesantes porque se alejan del estereotipo, de lo ya visto, y porque son personajes inusuales, más complejos y, a su vez, menos comprensibles (en parte, por la limitación del formato escogido). Toni Collette, en el papel de una mujer pelín desequilibrada, encuentra el cadáver de la chica cerca de su casa y el impacto mediático causado por este hallazgo le hace conocer a un chico. Esto le sirve de detonante para romper la relación enfermiza y dependiente que tiene con su madre, encarnada por la inquietante Piper Laurie (pobre mujer, encasillada en el papel de "mamá loca de atar" desde "Carrie" ¡Jo, qué miedo daba aquella Margaret White que mandaba a su hija a rezar al armario!).

“La hermana”
Ésta es la historia de una estudiante de anatomía forense (profesión alegre donde las haya, muy acorde con la atmósfera “pásame-una-gillette-para-cortarme-las-venas” de toda la peli), cuya hermana lleva desaparecida más de 10 años. Esta chica ya no puede aguantar más la presión familiar de estar cada día esperando encontrar a la hermana, pues todos han dejado aparcadas sus vidas para centrarse en la búsqueda. Al analizar el cadáver de la chica (encontrada en la historia anterior) cree haber hallado el cuerpo de su hermana. Esto la alivia (con conflicto interior incluido, claro) y le da esperanzas de poder retomar su vida.
Para este adolescente que adolece, ésta es quizás la historia más floja, pelín sobremesa de sábado.

“La esposa”
Ésta me parece una historia estupenda, bien interpretada y con un buen ritmo. Creo que es la más interesante.
La esposa del asesino descubre ropa de las chicas asesinadas y obviamente tiene un conflicto interior sobre qué debe hacer. Yo no voy a desvelar qué dirección toman las cosas porque no soy de esa clase de tíos.
El propio lugar en el que se desarrolla la historia es una metáfora puesto que el asesino y su mujer se dedican a alquilar trasteros y en uno de ellos se encuentran las prendas de las chicas asesinadas. No deja de ser representativo que precisamente se sitúe la historia en un trastero, en un lugar donde se deja lo que ya no sirve, lo que la sociedad ya no quiere, lo que molesta. En un lugar en el que se puede esconder lo que uno quiere ocultar, esconder el lado sucio que no se debe mostrar a la sociedad.
Todas estas historias, de algún modo, están protagonizadas por los despojos de la sociedad estadounidense, son American Trash. El sueño americano hecho trizas. Son personajes que simbolizan lo que deja en el trastero la sociedad. (¿Se me ha ido la olla? Cuando me pongo pesadico...)
Un relato negro, negrísimo, al que le falta un pelín más de metraje para tener mayor profundidad.

“La madre”
La madre de la chica muerta, interpretada por Marcia Gay Harden, busca respuestas acerca de la vida de su hija. Va a ver el apartamento donde vivía ésta y entabla una relación, muy poco creíble, con la ex compañera de piso-“amiga” de su hija.

“La chica muerta”
Es la historia con más ritmo y quizás también la menos interesante puesto que ya sabemos cómo se va a desarrollar la trama. La interpretación de Brittany Murphy es bastante destacable y más teniendo en cuenta los bodrios que nos suele regalar. Como en el resto de historias, la corta duración hace que se profundice poco en la psicología del personaje. En resumen: Ella quiere ir a felicitar a su hija por su cumpleaños y el asesino se ofrecerá a llevarla.

El párrafo conclusión:
Son cinco historias carverianas de personajes que van a la deriva. Tiene cierta gracia ver cómo incide un hecho en 5 personajes distintos pero la corta duración de cada historia nos roba profundidad a la vez que la posibilidad de empatizar y vincularnos en mayor grado. No sé, creo que no es el mejor formato para este tipo de historias en que la psicología de los personajes tiene un peso tan relevante porque en ocasiones se cae en lo anecdótico, en el estereotipo, en un guiño sin dejar en el espectador la marca que debería. Así mismo, a veces la cinta resulta monótona puesto que es difícil mantener la tensión dramática y el interés en unas tramas que se sustentan en los conflictos internos de unos personajes de los que apenas sabemos nada.

En fin, Maggie y yo salimos bastante mohínos, la verdad. Pero solo eso, mohínos. Creo que es un film que no llega a conmover, porque uno se queda pelín al margen, sin empatizar. La inglesa me dijo que la próxima peli la escogía ella y luego se fue al baño (creo que a fumarse uno de sus “cigarrillos”) y volvió sonriente como si ya se hubiera olvidado de esas cinco historias oscuras, desgarradas que acabábamos de ver.

The Dead Girl (2006)
Dirección: Karen Moncrieff
Guión: Karen Moncrieff, también llamada “la alegría de la huerta”

23 junio, 2008

DONNIE DARKO (Sesión de cine en el pequeño mundo de mi amiga agorafóbica)





De otros mundos, conejos y hámsters






El sábado fue mi primer día de curro en plan serio. Sí, el primero de mi vida. La cosa no fue mal del todo. Bueno, sólo hubo un momento en que “me paniqué”. Fue cuando una mujer con un moño, que parecía una ensaimada mallorquina, me preguntó por “Las runas” (ni puñetera idea de qué diablos me estaba hablando, claro). Maggie, la dueña de la tienda y unas de Las chicas de oro, se estaba fumando “un cigarrillo” en la trastienda y me había dado instrucciones muy precisas de no molestarla. Así que puse cara de tipo serio y le dije a la señora de la ensaimada en la cabeza que se nos habían acabado todas las runas, que estábamos “arrunados” (sí, a veces suelto chistes realmente penosos. Sobre todo, cuando no sé qué decir. Así me va con las chicas, claro). Total que no sé muy bien si lo que le molestó fue el chiste lamentable o que la llamara de usted (me he dado cuenta de que esto no les mola nada a las mujeres). El caso es que me pidió una hoja de reclamaciones. El primer día de curro pintaba glorioso. Por suerte, Maggie apareció justo a tiempo, sonriente y feliz como salida de un cuento de hadas psicotrópico. La hoja de reclamaciones acabó en la papelera y Maggie invitó a la señora de la ensaimada a una sesión en la trastienda aquella misma noche. Aún no sé muy bien de qué van esas sesiones pero me temo que es algo de espiritismo. El marido de Maggie se ahorcó allí, en la trastienda. ¡Pobre hombre, seguro que ni en el Más Allá le dejan en paz! Por cierto, no sé si os lo he contado, pero la mayoría de los maridos de Las chicas de oro o están muertos o han desaparecido (como mi padre).

A mi amiga agorafóbica le encanta que le suelte estos rollos sobre mi vida “en el mundo exterior”. Incluso las cosas más chorras le parecen interesantes. Hacía casi 2 meses que no iba a verla. No sé, a veces no me apetece. Es que me da pena verla ahí dentro, encerrada en su lujosa casa. Me recuerda a un hámster en su jaula. Sólo que mi amiga tiene una sala de proyección espectacular en su casa. ¡Jo, es la mejor sala de cine que conozco con diferencia! (Lo único malo es el olor a lejía, pero al cabo de un rato ya ni lo notas).

Dejé que el sábado ella escogiera la peli y, después de relatarle todo sobre mi primer día de curro, le dije:

-Bueno, ahora cuéntame tú algo.

Entonces ella se levantó y me trajo la carátula de la peli que íbamos a ver: “Donnie Darko”.

-Hablaremos después de la peli, me dijo.

Ella es muy así, pelín críptica. No sé, de pocas palabras.

¡Y ya lo creo que hablamos después de la peli! A los dos nos encantó. Claro que, siendo el prota un adolescente problemático, ya tenía muchos puntos.

Sinopsis va sinopsis viene: Donnald, o Donnie para los amiguetes, es un chaval que escapa a la muerte de forma milagroso (un motor de avión salido de quién sabe dónde destroza su dormitorio). A partir de ese momento, Donnie (que ya era un joven con cierto desequilibrio emocional, pues sabemos que se está medicando y que va a terapia) comienza a tener alucinaciones y a descubrir una especie de realidad paralela (por llamarlo de algún modo) que él interpreta vinculada a los viajes en el tiempo.

Como en todas las películas en que vemos a través de los ojos de un personaje que tiene problemas mentales se abre inmediatamente un amplio abanico de interpretaciones, ya que es cierto que todo es explicable desde el prisma de la propia esquizofrenia pero hay más interpretaciones posibles. Frank (el tipo con la máscara de conejo) aparece como una clara alucinación visual y auditiva que le dice al prota lo que tiene que hacer. Vamos, un caso de esquizofrenia de manual de psiquiatría. Así pues, uno puede pensar que todo es fruto de una mente enferma o aventurarse con interpretaciones más alentadoras y fantásticas. Sin embargo, lo mejor de la película es dejarse llevar, más que sacar conclusiones, fantasear y viajar un rato por una atmósfera inquietante y sorprendente.


Por cierto, como he dicho, el prota va a UNA psiquiatra (que resulta que es la hija de la Sra. Robinson. Sí, la de “El graduado”, la guapísima Katharine Ross. Es una curiosidad que me ha venido a la cabeza. No sé por qué tengo este estúpido don para reconocer a la gente). Ojalá yo también tuviera a una psiquiatra ¡y no a ese maldito gordo!

Bueno, el caso es que el "personaje oráculo" que le cuenta a Donnie lo que debe hacer y lo que va a ocurrir es un conejo gigante (quizás un homenaje a aquella estupenda película protagonizada por James Stewart titulada “Harvey”) que va vertebrando la trama y que cada vez tiene más peso en la vida de Donnie. Toda esta trama paranoica se va alternando con una realidad aberrante de culto al cuerpo, de superficialidad y de telepredicadores a la que el protagonista hace frente, mientras el resto de personajes (en mayor o menor grado) parecen dejarse arrastrar por la espiral de frivolidad. Eso, claro, nos hace empatizar con el prota, pero quizás diluye la trama principal.

De algún modo, es una película que sugiere, que hipnotiza, que crea una atmósfera en la que el espectador fantasea y huye en cierto modo. Sin embargo, no se trata de un guión redondo ni de coña. En mi absurda opinión, es una peli muy irregular y creo que no tiene una definición clara de hacia dónde quiere ir. Pero es una película interesante en su conjunto por ser sorprendente y poco común, por su atmósfera, por su extraña mezcla de elementos. Así mismo, tiene unos diálogos estupendos que no son los típicos diálogos llenos de lugares comunes que hacen empeorar mi acné, sino diálogos que suenan a algo diferente.

En fin, que mi amiga agorafóbica y yo huimos de nuestros respectivos mundos interiores y asfixiantes durante un rato y eso, la verdad, es de agradecer porque todos somos un poco hámsters, ¿no?

Título: Donnie Darko (2001)
Director: Richard Kelly
Guión: El alter ego del bueno de Kelly

12 mayo, 2008

MIL AÑOS DE ORACIÓN






De muñecas rusas, silencios y mentiras

Ésta es una película poco habitual, de ésas que van despacito. El ritmo es pausado, como un paseo por el parque. En esta peli llueven las metáforas. Los objetos, los detalles van cobrando significado y así redondean una historia intimista enredada en mentiras y silencios.

Es un estupendo retrato de personajes, de personajes que son desconocidos entre ellos. De personajes que reflejan la mentira, la ficción en que cada uno se encierra. Porque en este film todo el mundo miente. Sobre todo se mienten y se engañan a ellos mismos.

Sinopsis: Un padre chino (Sr. Shi) viaja a Estados Unidos donde vive su hija, a la que hace mucho que no ve, pues ésta se ha divorciado y él quiere intentar ayudarla a recuperarse. Sin embargo, este padre y esta hija son un par de desconocidos. Están separados por un muro (como muestra la foto). Supongo que como muchos, claro. El padre intenta descubrir quién es realmente su hija, qué es lo que le sucede, ahondar en su silencio, en esa vida desangelada. Intenta ver qué hay dentro de ella, como si se tratara de una muñeca rusa de esas que esconden un montón de muñecas más pequeñas dentro. Sin embargo, no sólo ella esconde secretos, también el padre y el resto de personajes secundarios.

En esta pequeña historia los detalles, los gestos sutiles, casi escondidos, cobran significado con una belleza particular. Una belleza calmada, triste y muy contenida.

Es un acercamiento a dos culturas muy distintas, la china y la norteamericana. En este contraste, se encierra una bella reflexión sobre el lenguaje. Sobre el idioma en que uno puede expresar los sentimientos. La hija no es capaz de expresar sentimientos en su idioma materno pues la cultura china es de contención, de pausa, de silencio y, en este caso, de incomunicación. Una preciosa reflexión sobre el lenguaje y sus implicaciones emocionales.

El protagonista, Sr. Shi, observa perplejo una sociedad liberal en la que, en realidad, impera la más absoluta soledad. Una mirada curiosa sobre el mundo norteamericano, sobre el mundo occidental lleno de objetos y, paradójicamente, lleno de vacío, de soledad. Por cierto, Henry O. hace una interpretación estupenda. Este tipo me ha encantado.

Hay ciertas secuencias deliciosas con un tono cómico muy particular y sutil. Por ejemplo: la conversación del Sr. Shi con dos mormones o la visita a una tienda de antigüedades, cuyo vendedor no tiene desperdicio.

Esta es una película para detenerse en los detalles, para reposar nuestra mirada nerviosa y degustar cada plano, cada gesto, cada silencio.

Por cierto, en mi próxima sesión con mi psiquiatra le voy a soltar cada cinco minutos que el agua fría es mala para el estómago (si no sabéis de qué va esto, ¡ved la peli!). ¡Jo, si es que me aburro un montón con él! Ya no se me ocurren más chorradas que contarle, lo del michelín gigante que me persigue ya lo tengo muy explotado.

En fin, supongo que, siempre según mi psiquiatra gordo, sigo evolucionando. Le dice a mi madre que evoluciono despacio pero adecuadamente, como el ritmo de esta peli, lento, como un paseo por el parque, pero lleno de belleza y sentido.

Mil años de oración (2007)
Dirección: Wayne Wang
Guión: Yiyun Li
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