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23 junio, 2008

DONNIE DARKO (Sesión de cine en el pequeño mundo de mi amiga agorafóbica)





De otros mundos, conejos y hámsters






El sábado fue mi primer día de curro en plan serio. Sí, el primero de mi vida. La cosa no fue mal del todo. Bueno, sólo hubo un momento en que “me paniqué”. Fue cuando una mujer con un moño, que parecía una ensaimada mallorquina, me preguntó por “Las runas” (ni puñetera idea de qué diablos me estaba hablando, claro). Maggie, la dueña de la tienda y unas de Las chicas de oro, se estaba fumando “un cigarrillo” en la trastienda y me había dado instrucciones muy precisas de no molestarla. Así que puse cara de tipo serio y le dije a la señora de la ensaimada en la cabeza que se nos habían acabado todas las runas, que estábamos “arrunados” (sí, a veces suelto chistes realmente penosos. Sobre todo, cuando no sé qué decir. Así me va con las chicas, claro). Total que no sé muy bien si lo que le molestó fue el chiste lamentable o que la llamara de usted (me he dado cuenta de que esto no les mola nada a las mujeres). El caso es que me pidió una hoja de reclamaciones. El primer día de curro pintaba glorioso. Por suerte, Maggie apareció justo a tiempo, sonriente y feliz como salida de un cuento de hadas psicotrópico. La hoja de reclamaciones acabó en la papelera y Maggie invitó a la señora de la ensaimada a una sesión en la trastienda aquella misma noche. Aún no sé muy bien de qué van esas sesiones pero me temo que es algo de espiritismo. El marido de Maggie se ahorcó allí, en la trastienda. ¡Pobre hombre, seguro que ni en el Más Allá le dejan en paz! Por cierto, no sé si os lo he contado, pero la mayoría de los maridos de Las chicas de oro o están muertos o han desaparecido (como mi padre).

A mi amiga agorafóbica le encanta que le suelte estos rollos sobre mi vida “en el mundo exterior”. Incluso las cosas más chorras le parecen interesantes. Hacía casi 2 meses que no iba a verla. No sé, a veces no me apetece. Es que me da pena verla ahí dentro, encerrada en su lujosa casa. Me recuerda a un hámster en su jaula. Sólo que mi amiga tiene una sala de proyección espectacular en su casa. ¡Jo, es la mejor sala de cine que conozco con diferencia! (Lo único malo es el olor a lejía, pero al cabo de un rato ya ni lo notas).

Dejé que el sábado ella escogiera la peli y, después de relatarle todo sobre mi primer día de curro, le dije:

-Bueno, ahora cuéntame tú algo.

Entonces ella se levantó y me trajo la carátula de la peli que íbamos a ver: “Donnie Darko”.

-Hablaremos después de la peli, me dijo.

Ella es muy así, pelín críptica. No sé, de pocas palabras.

¡Y ya lo creo que hablamos después de la peli! A los dos nos encantó. Claro que, siendo el prota un adolescente problemático, ya tenía muchos puntos.

Sinopsis va sinopsis viene: Donnald, o Donnie para los amiguetes, es un chaval que escapa a la muerte de forma milagroso (un motor de avión salido de quién sabe dónde destroza su dormitorio). A partir de ese momento, Donnie (que ya era un joven con cierto desequilibrio emocional, pues sabemos que se está medicando y que va a terapia) comienza a tener alucinaciones y a descubrir una especie de realidad paralela (por llamarlo de algún modo) que él interpreta vinculada a los viajes en el tiempo.

Como en todas las películas en que vemos a través de los ojos de un personaje que tiene problemas mentales se abre inmediatamente un amplio abanico de interpretaciones, ya que es cierto que todo es explicable desde el prisma de la propia esquizofrenia pero hay más interpretaciones posibles. Frank (el tipo con la máscara de conejo) aparece como una clara alucinación visual y auditiva que le dice al prota lo que tiene que hacer. Vamos, un caso de esquizofrenia de manual de psiquiatría. Así pues, uno puede pensar que todo es fruto de una mente enferma o aventurarse con interpretaciones más alentadoras y fantásticas. Sin embargo, lo mejor de la película es dejarse llevar, más que sacar conclusiones, fantasear y viajar un rato por una atmósfera inquietante y sorprendente.


Por cierto, como he dicho, el prota va a UNA psiquiatra (que resulta que es la hija de la Sra. Robinson. Sí, la de “El graduado”, la guapísima Katharine Ross. Es una curiosidad que me ha venido a la cabeza. No sé por qué tengo este estúpido don para reconocer a la gente). Ojalá yo también tuviera a una psiquiatra ¡y no a ese maldito gordo!

Bueno, el caso es que el "personaje oráculo" que le cuenta a Donnie lo que debe hacer y lo que va a ocurrir es un conejo gigante (quizás un homenaje a aquella estupenda película protagonizada por James Stewart titulada “Harvey”) que va vertebrando la trama y que cada vez tiene más peso en la vida de Donnie. Toda esta trama paranoica se va alternando con una realidad aberrante de culto al cuerpo, de superficialidad y de telepredicadores a la que el protagonista hace frente, mientras el resto de personajes (en mayor o menor grado) parecen dejarse arrastrar por la espiral de frivolidad. Eso, claro, nos hace empatizar con el prota, pero quizás diluye la trama principal.

De algún modo, es una película que sugiere, que hipnotiza, que crea una atmósfera en la que el espectador fantasea y huye en cierto modo. Sin embargo, no se trata de un guión redondo ni de coña. En mi absurda opinión, es una peli muy irregular y creo que no tiene una definición clara de hacia dónde quiere ir. Pero es una película interesante en su conjunto por ser sorprendente y poco común, por su atmósfera, por su extraña mezcla de elementos. Así mismo, tiene unos diálogos estupendos que no son los típicos diálogos llenos de lugares comunes que hacen empeorar mi acné, sino diálogos que suenan a algo diferente.

En fin, que mi amiga agorafóbica y yo huimos de nuestros respectivos mundos interiores y asfixiantes durante un rato y eso, la verdad, es de agradecer porque todos somos un poco hámsters, ¿no?

Título: Donnie Darko (2001)
Director: Richard Kelly
Guión: El alter ego del bueno de Kelly

31 mayo, 2008

La niebla



UN GATO DISECADO Y BASTANTE TOFU

Cuando tenía 5 años mi padre se piró de casa. Fue un viernes por la tarde. Me dio un beso en la frente y me guiñó un ojo. Por aquel entonces yo no sabía que aquel iba a ser el último beso en la frente que me iba a dar mi padre, claro. El caso es que una semana después de la huída de mi padre, mi gato Nosferatu estiró la pata. Mi madre intentó por todos los medio desengancharme del cadáver de Nosfe, pero no había forma. Así que la pobre mujer (ex niña prodigio y pelín tocada de la cabeza, todo hay que decirlo) optó por disecarlo para que yo pudiera tenerlo conmigo como un peluche (lo sé, da pelín de grima). Sí, Nosfe es el gato que está al lado del sofá azul. Así que no os preocupéis, es muy improbable que os arañe. Ahora, como ya soy un chaval mayor, le llamo “gato”, para hacerme el maduro y todo eso. Bueno, pues está claro que yo no me aferraba sólo a un gato muerto. Yo no quería desprenderme de mi gato porque no quería dejar atrás la vida que había tenido con él. Es decir, mi gato muerto simbolizaba también la pérdida de mi padre, era un símbolo de mi vida hasta aquel momento. Una vida que yo creía que se estaba desmoronando y por eso me agarraba al pobre Nosfe, al borde de la descomposición, como a un salvavidas.

En fin, un rollo psicológico bastante obvio, ¿no? Bien, pues en “La niebla” hay una segunda lectura también muy obvia, la crítica político-social, y es la parte que, en realidad, tiene más peso ya que de otra forma no encerrarían a los personajes en un supermercado durante casi toda la peli.

Sin embargo, al ser el McGuffin, es decir la excusa sobre la que se monta la historia (en este caso: la niebla que oculta algo siniestro), tan espectacular pues queda pelín metida con calzador y forzada toda la crítica panfletaria. No sé, demasiado obvia para mi gusto. En fin, que el gato disecado de la peli es tan bestia que, en mi opinión, hay situaciones muy forzadas que chirrían un montón.

Sinopsis va sinopsis viene: Después de una fortísima tormenta, un pueblo de Maine se ve cubierto por una extraña niebla que esconde algo en su interior. Unas 50 personas (aviso: no se me da muy bien esto de hacer estimaciones), entre ellas el prota con su hijo de unos 10 años, optan por quedarse en el supermercado tras la entrada de un tipo ensangrentado alertando de que hay algo siniestro oculto en la niebla.

La historia para los amantes del terror empieza bien. Sin duda, es una buena situación de arranque. Pero debo decir que el principio de la peli con el matrimonio (que de tan enamorado y perfecto da ganitas de vomitar) y el niño mirando los destrozos causados por la tormenta como si no hubiera pasado nada ya me fastidió un pelín, aunque me dije: “bueno, tranquilo, es el principio”. Sin embargo, las reacciones inverosímiles se sucedieron sin tregua durante toda la cinta y eso me fue poniendo de mala leche y alejándome de pasar un rato entretenido.

Voy a citar algunas reacciones que me pusieron pelín frenético: Nadie quiere salir del supermercado para acompañar a una mujer que tiene que volver a casa con sus hijos. Sin embargo, luego 3 personajes están dispuestos a salir para arreglar el generador y meterse en la niebla. ¿Qué pasa? El tipo del supermercado que mete los artículos en las bolsas (el actor que encarnó de forma brillante a Capote en “Infamous”), quien se convierte en uno de los personajes más cuerdos, intenta explicar esto (porque clama al cielo) pero de un modo que no me convence nada. Así mismo, el abogado vecino del prota luego también sale con su séquito.

Por otro lado, volviendo a la secuencia en el almacén del supermercado (cuando quieren arreglar el generador). El hecho de que se desvele tan pronto lo que se esconde en la niebla para mí hace perder intensidad o tensión o lo que sea puesto que no hay nada más inquietante que lo que permanece oculto (el bebé de “La semilla del diablo” es mucho más diabólico a través de los rostros de los que le ven que si Polanski nos lo hubiera mostrado directamente). Por ello creo que se muestra demasiado pronto el pastel. Es una opinión personal, claro, pero es que resulta que éste es mi blog.

Darabont hace un claro homenaje a “Los pájaros”. Los bichos que están ocultos en la niebla son de varios tipos: algunos parecen pajarracos, otros bichos gigantes, etc. Para todos los gustos, vamos. Y hay secuencias que son de una inspiración clara en la peli de Hitchcok. En una de estas secuencias, siguiendo con las reacciones tontorronas de los personajes, nadie se da cuenta de que la luz atrae a los bichos. Por Dios, ¿es que ninguno de ellos fue boy scout? Bueno, podría seguir con un montón de reacciones que me pusieron histérico pero ¿para qué? Creo que esto es algo bastante característico del género de terror serie B. Sin embargo, a mí me aleja de la historia porque ya no me creo a los personajes, me resultan inverosímiles, y entonces todo me importa una mierda e incluso creo que se merecen que se los coma un aguilucho mutante. En fin, que la empatía es nula, por ello, yo ni me metí en el supermercado ni me metí en la niebla. Lo vi todo de lejos, desde la fila 8.

Es cierto, sin embargo, que los toques gore están bien diseminados y son muy reconfortantes y agradables de ver. Vamos, que se agradece que te salpique un chorrito de sangre de vez en cuando.

Bueno, voy a pasar ya a la segundo lectura: El tema central del film no es la invasión alienígena sino el mal que está dentro de nosotros (en este caso, en una pequeña población de Maine que es como una muestra de la sociedad americana). Ante el temor a lo de fuera, ante el pánico (pongamos a un atentado, a una invasión), todo queda justificado. En fin, está genial que las pelis tengan más contenido del aparente pero aquí es demasiado obvio. Es una crítica a la era del tipo que gobierna en EEUU y que parece que puede hacer todo lo que le dé la gana, respaldándose en la idea de proteger a su país del MAL EXTERIOR.

Este es un tema muy recurrente en la historia del cine y a mí me parece fascinante: “El mal no está fuera sino dentro”. Algunos ejemplos que se me ocurren, así a lo tonto, podrían ser: la genial película “El ángel exterminador” del maestro Buñuel o “El resplandor” de Kubrick (encierra a una familia en un lugar aislado y verás lo que pasa) en una de sus múltiples lecturas o “El bosque”, que también es interesante desde esta prisma.

En mi absurda opinión, las adaptaciones de las obras de King son tan desiguales como el talento de quienes se aventuran a adaptarlo. Así, por ejemplo, el bueno de Kubrick hizo de “El Resplandor” una obra brillante, el irregular De Palma hizo una muy entretenida y sangrienta “Carrie” y este tipo, Darabont, pues ha hecho una decente “Cadena perpetua”, algo raro en “La milla verde” y una peli con sabor serie B pero con un contenido panfletario demasiado obvio y un guión muy mejorable en “La niebla”. No me entusiasma este tipo, Darabont, es pelín sensiblero, y no me parece que tenga un estilo definido (lo cual no siempre es malo, claro). Tendré que estudiar sus próximas pelis igual que mi psiquiatra gordo finge que estudia las chorradas que yo me invento.

Bueno, me tengo que ir a cenar tofu con las Chicas de oro. Odio el tofu, aunque es un odio tonto porque es como odiar LA NADA. Ah, sobre la peli sólo diré una cosa más: El final, que no es el original de King, creo que es la parte más coherente e impactante.
Mientras que la mayor parte del film es tofu rebozado de distintas formas (mejor ni mencionar la ridiculilla explicación de los hechos), el final tiene un sabor propio y contundente.

La niebla (2007)
Dirección: Frank Darabont
Guión: Darabont se lo come y se lo guisa (basado en el relato de S. King)


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