El sábado fue mi primer día de curro en plan serio. Sí, el primero de mi vida. La cosa no fue mal del todo. Bueno, sólo hubo un momento en que “me paniqué”. Fue cuando una mujer con un moño, que parecía una ensaimada mallorquina, me preguntó por “Las runas” (ni puñetera idea de qué diablos me estaba hablando, claro). Maggie, la dueña de la tienda y unas de Las chicas de oro, se estaba fumando “un cigarrillo” en la trastienda y me había dado instrucciones muy precisas de no molestarla. Así que puse cara de tipo serio y le dije a la señora de la ensaimada en la cabeza que se nos habían acabado todas las runas, que estábamos “arrunados” (sí, a veces suelto chistes realmente penosos. Sobre todo, cuando no sé qué decir. Así me va con las chicas, claro). Total que no sé muy bien si lo que le molestó fue el chiste lamentable o que la llamara de usted (me he dado cuenta de que esto no les mola nada a las mujeres). El caso es que me pidió una hoja de reclamaciones. El primer día de curro pintaba glorioso. Por suerte, Maggie apareció justo a tiempo, sonriente y feliz como salida de un cuento de hadas psicotrópico. La hoja de reclamaciones acabó en la papelera y Maggie invitó a la señora de la ensaimada a una sesión en la trastienda aquella misma noche. Aún no sé muy bien de qué van esas sesiones pero me temo que es algo de espiritismo. El marido de Maggie se ahorcó allí, en la trastienda. ¡Pobre hombre, seguro que ni en el Más Allá le dejan en paz! Por cierto, no sé si os lo he contado, pero la mayoría de los maridos de Las chicas de oro o están muertos o han desaparecido (como mi padre).
A mi amiga agorafóbica le encanta que le suelte estos rollos sobre mi vida “en el mundo exterior”. Incluso las cosas más chorras le parecen interesantes. Hacía casi 2 meses que no iba a verla. No sé, a veces no me apetece. Es que me da pena verla ahí dentro, encerrada en su lujosa casa. Me recuerda a un hámster en su jaula. Sólo que mi amiga tiene una sala de proyección espectacular en su casa. ¡Jo, es la mejor sala de cine que conozco con diferencia! (Lo único malo es el olor a lejía, pero al cabo de un rato ya ni lo notas).
Dejé que el sábado ella escogiera la peli y, después de relatarle todo sobre mi primer día de curro, le dije:
-Bueno, ahora cuéntame tú algo.
Entonces ella se levantó y me trajo la carátula de la peli que íbamos a ver: “Donnie Darko”.
-Hablaremos después de la peli, me dijo.
Ella es muy así, pelín críptica. No sé, de pocas palabras.
¡Y ya lo creo que hablamos después de la peli! A los dos nos encantó. Claro que, siendo el prota un adolescente problemático, ya tenía muchos puntos.
Sinopsis va sinopsis viene: Donnald, o Donnie para los amiguetes, es un chaval que escapa a la muerte de forma milagroso (un motor de avión salido de quién sabe dónde destroza su dormitorio). A partir de ese momento, Donnie (que ya era un joven con cierto desequilibrio emocional, pues sabemos que se está medicando y que va a terapia) comienza a tener alucinaciones y a descubrir una especie de realidad paralela (por llamarlo de algún modo) que él interpreta vinculada a los viajes en el tiempo.
Como en todas las películas en que vemos a través de los ojos de un personaje que tiene problemas mentales se abre inmediatamente un amplio abanico de interpretaciones, ya que es cierto que todo es explicable desde el prisma de la propia esquizofrenia pero hay más interpretaciones posibles. Frank (el tipo con la máscara de conejo) aparece como una clara alucinación visual y auditiva que le dice al prota lo que tiene que hacer. Vamos, un caso de esquizofrenia de manual de psiquiatría. Así pues, uno puede pensar que todo es fruto de una mente enferma o aventurarse con interpretaciones más alentadoras y fantásticas. Sin embargo, lo mejor de la película es dejarse llevar, más que sacar conclusiones, fantasear y viajar un rato por una atmósfera inquietante y sorprendente.
Por cierto, como he dicho, el prota va a UNA psiquiatra (que resulta que es la hija de la Sra. Robinson. Sí, la de “El graduado”, la guapísima Katharine Ross. Es una curiosidad que me ha venido a la cabeza. No sé por qué tengo este estúpido don para reconocer a la gente). Ojalá yo también tuviera a una psiquiatra ¡y no a ese maldito gordo!
Bueno, el caso es que el "personaje oráculo" que le cuenta a Donnie lo que debe hacer y lo que va a ocurrir es un conejo gigante (quizás un homenaje a aquella estupenda película protagonizada por James Stewart titulada “Harvey”) que va vertebrando la trama y que cada vez tiene más peso en la vida de Donnie. Toda esta trama paranoica se va alternando con una realidad aberrante de culto al cuerpo, de superficialidad y de telepredicadores a la que el protagonista hace frente, mientras el resto de personajes (en mayor o menor grado) parecen dejarse arrastrar por la espiral de frivolidad. Eso, claro, nos hace empatizar con el prota, pero quizás diluye la trama principal.
De algún modo, es una película que sugiere, que hipnotiza, que crea una atmósfera en la que el espectador fantasea y huye en cierto modo. Sin embargo, no se trata de un guión redondo ni de coña. En mi absurda opinión, es una peli muy irregular y creo que no tiene una definición clara de hacia dónde quiere ir. Pero es una película interesante en su conjunto por ser sorprendente y poco común, por su atmósfera, por su extraña mezcla de elementos. Así mismo, tiene unos diálogos estupendos que no son los típicos diálogos llenos de lugares comunes que hacen empeorar mi acné, sino diálogos que suenan a algo diferente.
En fin, que mi amiga agorafóbica y yo huimos de nuestros respectivos mundos interiores y asfixiantes durante un rato y eso, la verdad, es de agradecer porque todos somos un poco hámsters, ¿no?
Título: Donnie Darko (2001)
Director: Richard Kelly
Guión: El alter ego del bueno de Kelly