Escapando del yoga, me doy contra un bordillo
Este fin de semana ha sido uno de los más largos de mi vida. Mi madre ha organizado un retiro espiritual en casa. ¿La imagen de 8 sexagenarias haciendo “ommm” en el comedor en posición “flor de loto” envueltas por una espesa nubecilla de incienso es bastante gráfica? Para completar el cuadro, el retiro místico éste ha ido acompañado de una dieta de desintoxicación a base de apio y algas, que yo he tenido que seguir sin rechistar para evitar oír las teorías o delirios de las Chicas de oro sobre nutrición y ACNÉ (aprovechan cualquier oportunidad para sacar este doloroso tema).
Total que el sábado por la noche, ante la amenaza fantasma de tener que hacer 8 masajes tibetanos, huí despavorido sin rumbo fijo. No tenía plan, como es habitual, así que pensé en ir al lugar donde mejor me siento y que, además, era una alternativa genial para escapar de tanto misticismo y parche de estrógenos. Pues bien, sintiéndome un pelín piltrafilla debido a la falta de proteínas y, sobre todo, a la falta de plan para un sábado por la noche, fui a ver “Antes que el diablo sepa que has muerto”. El estómago me rugía como un gato obeso en celo (sí, he dicho rugir y no maullar porque los gatos obesos rugen ¡Ya vale con el rollo de que los adolescentes tenemos un léxico penoso!) cuando las luces de la sala se apagaron. Sin embargo, a los pocos minutos ya me había olvidado de mi hambre atroz.
Sinopsis: Dos hermanos, pelín cortos de pasta, planean el atraco perfecto. Como no podría ser de otra forma, todo lo que podía salir mal, sale mal. Pero siempre se puede ir a peor y en esta historia, desde luego, todo va a peor.
Personajes desgraciados, atormentados, en busca de una salida desesperada que acaba convirtiéndose en la perdición más absoluta. Este tipo de películas son para mí las más interesantes porque a mí no me dicen demasiado los triunfadores y la gente a la que todo le sale bien. Eso me suena a mentira, a ciencia ficción y ésta peli, desde luego, es tan real y contundente que incluso te duele.
La historia no se nos cuenta de forma lineal sino que vamos recibiendo la información fragmentada y desde diversos puntos de vista. A través de flashbacks vamos conociendo a los personajes y sus vidas. A mí la verdad es que este tipo de guiones me impresionan bastante porque los veo como una filigrana (yo soy muy impresionable, todo hay que decirlo). Sin embargo, me pregunto si la historia realmente necesita una estructura así. ¿No hubiera funcionado igual de un modo lineal? ¿No habría tenido más carga dramática? No sé, yo sólo soy un adolescente, pero me da la impresión que a veces las motivaciones de los personajes y la empatía se diluyen un poco debido a que no tenemos suficiente información para comprender al personaje y por ello implicarnos más. De todos modos, la historia va ganando tensión dramática y se va construyendo con fuerza sin darnos un respiro puesto que se convierte en una tragedia shakesperiana, de esas en que uno no necesita enemigos mientras tenga familia. ¡Ay, la familia! ¡Ay, los celos! Los temas fundamentales de los grandes clásicos de la literatura aparecen con total dureza, sin adulterar.
Ésta es una de esas pelis sólidas y contundentes como un bordillo, sin fisuras. El guión es estupendo, aunque, como he dicho, su propia complejidad hace que la construcción de los personajes sea más lenta que en una historia lineal y por ello, quizás, su psicología es menos comprensible y uno empieza a llenar las lagunas de información que necesita. Quizás la motivación de Andy (el hermano mayor) queda pelín floja hasta bastante avanzada la cinta. Para poner alguna pega, el personaje de Marisa Tomei me parece poco conseguido. Decorativo y aparente, sin fondo. Pero, como he dicho, es sólo por poner alguna pega.
No quiero revelar nada sobre cómo evoluciona la trama porque creo que uno tiene que dejarse llevar y meterse en la espiral hacia la perdición en la que caen los personajes.
Este fin de semana ha sido uno de los más largos de mi vida. Mi madre ha organizado un retiro espiritual en casa. ¿La imagen de 8 sexagenarias haciendo “ommm” en el comedor en posición “flor de loto” envueltas por una espesa nubecilla de incienso es bastante gráfica? Para completar el cuadro, el retiro místico éste ha ido acompañado de una dieta de desintoxicación a base de apio y algas, que yo he tenido que seguir sin rechistar para evitar oír las teorías o delirios de las Chicas de oro sobre nutrición y ACNÉ (aprovechan cualquier oportunidad para sacar este doloroso tema).
Total que el sábado por la noche, ante la amenaza fantasma de tener que hacer 8 masajes tibetanos, huí despavorido sin rumbo fijo. No tenía plan, como es habitual, así que pensé en ir al lugar donde mejor me siento y que, además, era una alternativa genial para escapar de tanto misticismo y parche de estrógenos. Pues bien, sintiéndome un pelín piltrafilla debido a la falta de proteínas y, sobre todo, a la falta de plan para un sábado por la noche, fui a ver “Antes que el diablo sepa que has muerto”. El estómago me rugía como un gato obeso en celo (sí, he dicho rugir y no maullar porque los gatos obesos rugen ¡Ya vale con el rollo de que los adolescentes tenemos un léxico penoso!) cuando las luces de la sala se apagaron. Sin embargo, a los pocos minutos ya me había olvidado de mi hambre atroz.
Sinopsis: Dos hermanos, pelín cortos de pasta, planean el atraco perfecto. Como no podría ser de otra forma, todo lo que podía salir mal, sale mal. Pero siempre se puede ir a peor y en esta historia, desde luego, todo va a peor.
Personajes desgraciados, atormentados, en busca de una salida desesperada que acaba convirtiéndose en la perdición más absoluta. Este tipo de películas son para mí las más interesantes porque a mí no me dicen demasiado los triunfadores y la gente a la que todo le sale bien. Eso me suena a mentira, a ciencia ficción y ésta peli, desde luego, es tan real y contundente que incluso te duele.
La historia no se nos cuenta de forma lineal sino que vamos recibiendo la información fragmentada y desde diversos puntos de vista. A través de flashbacks vamos conociendo a los personajes y sus vidas. A mí la verdad es que este tipo de guiones me impresionan bastante porque los veo como una filigrana (yo soy muy impresionable, todo hay que decirlo). Sin embargo, me pregunto si la historia realmente necesita una estructura así. ¿No hubiera funcionado igual de un modo lineal? ¿No habría tenido más carga dramática? No sé, yo sólo soy un adolescente, pero me da la impresión que a veces las motivaciones de los personajes y la empatía se diluyen un poco debido a que no tenemos suficiente información para comprender al personaje y por ello implicarnos más. De todos modos, la historia va ganando tensión dramática y se va construyendo con fuerza sin darnos un respiro puesto que se convierte en una tragedia shakesperiana, de esas en que uno no necesita enemigos mientras tenga familia. ¡Ay, la familia! ¡Ay, los celos! Los temas fundamentales de los grandes clásicos de la literatura aparecen con total dureza, sin adulterar.
Ésta es una de esas pelis sólidas y contundentes como un bordillo, sin fisuras. El guión es estupendo, aunque, como he dicho, su propia complejidad hace que la construcción de los personajes sea más lenta que en una historia lineal y por ello, quizás, su psicología es menos comprensible y uno empieza a llenar las lagunas de información que necesita. Quizás la motivación de Andy (el hermano mayor) queda pelín floja hasta bastante avanzada la cinta. Para poner alguna pega, el personaje de Marisa Tomei me parece poco conseguido. Decorativo y aparente, sin fondo. Pero, como he dicho, es sólo por poner alguna pega.
No quiero revelar nada sobre cómo evoluciona la trama porque creo que uno tiene que dejarse llevar y meterse en la espiral hacia la perdición en la que caen los personajes.
Resumiendo: Un guión estupendo y una interpretación brillante. Una gran película. Hay que verla, he dicho.
Por cierto, sólo cuando ya llevaba un buen rato andando de vuelta a casa me di cuenta de que mi estómago aullaba como un hombre lobo. Sí, yo seguía metido en la peli hasta aquel momento y, aunque iba caminando por la calle, en mi cabeza seguían moviéndose esos personajes que se hunden en el lodo. Me tomé un kebab para sedar al pequeño hombre lobo y seguí mi camino hacia casa sin pensar ni por un milisegundo en la estampa psicotrópica con las Chicas de oro que me esperaba, sólo recordando flashes de esa estupenda y feroz historia que acababa de ver.
“Antes que el diablo sepa que has muerto” (2007)
Dirección: Sydney Lumet
Guión: Kelly Masterson