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11 marzo, 2009

GRAN TORINO (pelín "spoiler")

Buscando un sitio para las herramientas, el encendedor y el Ford setentero.

Cuando tenía 5 años mi padre se largó de casa, fue un viernes por la tarde. Me dio un beso en la frente y me guiñó un ojo. Por aquel entonces yo no sabía que aquel iba a ser el último beso en la frente que me iba a dar mi padre, pero lo fue y desde entonces en mi vida no hay referente masculino. Las Chicas de Oro, Nosfe (que la palmó una semana después de la fuga de mi padre y acabó disecado porque yo no quería perderle y me negué a enterrarlo) y yo. Sí, ése es mi mundo y no me quejo. Bueno, un poco sí que me quejo, aunque sin razón. Maggie (la Chica de Oro inglesa-esotérica) es un solete y mi madre, aunque sigue sobreactuando y no ha superado su "glorioso" pasado de niña prodigio, hace lo que puede conmigo y yo se lo agradezco, en serio, pero… ¡cuánto me gustaría que apareciera en mi vida un Walt Kowalski! Alguien que me enseñara a convertirme en un tipo duro, a decir tacos de hombre y a gruñir. No sé, supongo que envidio al chaval de la peli. Ojalá alguien me diera las herramientas para defenderme de los macarras del insti, triunfar con las chicas y dejar de ser un adolescente desgarbado, solitario y con acné (porque los tipos duros no tienen acné, eso es así).

En fin, voy a dejar de hablar de mi lamentable vida y voy a hablar de algo que sí merece la pena, y mucho, como es la estupenda “GRAN TORINO”.

Sinopsis va sinopsis viene: Walt Kowalski (el gran Clint Eastwood, claro) es un veterano de la guerra de Corea y jubilado del sector del automóvil. Tras la muerte de su mujer y sin apenas vínculo con sus dos hijos, se queda solo con su perro (¿o es perra? Ahora no me acuerdo, pero es un encanto) y su más preciado tesoro: un Ford Gran Torino del 72. Este tipo malhablado, racista y muy gruñón (me encantan los gruñidos de Eastwood) se verá obligado a enfrentarse a sus prejuicios ante la llegada de unos vecinos de la etnia hmong con los que entablará una relación, muy a su pesar, que lo cambiará todo.


“Gran Torino” es una película concebida con los medios justos, sin grandes alardes, ni ambiciones pero directa como un derechazo (pero uno bien dado, no uno torpe de esos que te dan de refilón). La interpretación de Clint Eastwood es seca, precisa, desprovista de las exageraciones y los tics sobreactuados (de los que mi madre abusó durante su corta y lamentable carrera) que tanto se estilan ahora y así es también la esencia de esta película: simple, dura y, a la vez, conmovedora, llena de verdad y de una extraña y triste belleza (en parte por la aparente simplicidad de la propuesta y de los personajes) porque en este film todo se convierte en metáfora. Esta es una de esas pelis en las que todos los detalles quedan unidos y van cobrando profundidad, se van cargando de simbolismo, porque se trata de una peli redonda.

Sin embargo, aunque creo que es una peli redonda, en mi absurda opinión, no es la mejor de Eastwood (como director), pero sí es una película que juega con las herramientas adecuadas para enganchar al espectador y hacer que ría y se emocione de la mano de un entrañable gruñón. Una de esas pelis en las que no te giras para mirar a los lados porque te atrapa desde la primera y gloriosa secuencia de presentación de personajes. La cara de Eastwood es un poema desde el principio. ¡Qué diablos, es un puñetero haiku! Transmite y conmueve con suma simplicidad.



El desarraigo

Como en todo buen guión (porque no hay que olvidar que una buena peli siempre se apoya en un buen guión), los elementos que se muestran tienen importancia y nada queda en simple anécdota.

Así pues, en este film todo gira en torno a un tema de fondo, el desarraigo. Por ejemplo, la nieta-monstruo materialista nos sirve para introducir el elemento clave, el “Gran Torino”, pero no sólo para ello. El film nos muestra un crudo retrato familiar que tendrá como colofón el cierre escalofriante en torno al coche. ¿Y qué es en realidad ese coche? Es una vieja reliquia de otra época, de un momento en el que la gente llevaba coches americanos. Es un anacronismo y, por ello, es en sí mismo una metáfora del propio personaje que Eastwood interpreta y, a su vez, de forma extensiva se convierte en metáfora de todo lo que en este film se trata. Puesto que, en mi absurda opinión, en este film todos están fuera de lugar o, peor aún, son desarraigados, no tienen ningún lugar, no pertenecen a ningún sitio.

Desde el desarraigo podemos entender el personaje de Walt Kowalski: un blanco en un barrio en el que ya sólo viven inmigrantes. Así mismo, su coche es una vieja reliquia americana de los años 70 en un mundo de modernos coches japoneses. Sus vecinos hmong son una etnia sin lugar al que volver y extranjeros en todas partes. Por último, incluso la banda causante del conflicto que vertebra la trama principal son también desarraigados.

Así pues, en mi absurda opinión, el tema de fondo del film es el desarraigo y, cómo no, el McGuffin en torno al que se monta la historia, que destila por todas partes ese tema de fondo, es el Gran Torino.


¿Por qué "Gran Torino"?

Si bien el éxito del film tiene casi todo su peso en el papel encarnado por Eastwood (no puedo imaginar a Kowalski con otro rostro), la historia se vertebra de forma muy clara sobre un elemento, sobre un objeto. Estoy hablando, claro, del Ford Gran Torino. Quiero detenerme en mostrar todas las funciones que cumple este elemento en el transcurso de la historia. ¡Si esto no es sacar provecho de un elemento, yo soy un sex symbol!

Funciones del "Gran Torino" (no en vano da título al film): Sirve para presentar a la nieta materialista (es decir, el conflicto familiar) y cerrará, asimismo, el desalentador retrato de familia. Sirve para vertebrar la trama con la banda de macarrillas y, a su vez, es el tesoro que todos quieren tener y que el aprendiz de tipo duro (Thao) intenta robar (primer encuentro entre maestro y aprendiz y, por cierto, ¡encuentro desafortunado donde los haya!). Esto da pie a un inicio de relación que irá evolucionando de la confrontación (porque el conflicto es básico para crear interés) a la amistad. Siempre tiene que haber un buen conflicto para que la evolución de una relación sea interesante. Finalmente, el coche será el legado del protagonista (el maestro) para el aprendiz de tipo duro, para el chaval que ha heredado las herramientas para construirse un lugar en el mundo.
A veces me pregunto por qué me da por escribir tantas chorradas pero es que me pongo y no hay quién me frene. Será que sólo tengo a Nosfe a mí lado y eso es casi como estar solo. En fin, como no tengo un vecino gruñón que me suelte a la cara cuatro verdades pues aquí sigo, a lo mío, a lo tonto.

Por cierto, si antes he dicho que el conflicto es básico para crear interés en el espectador, está claro que aquí el prota tiene además, desde el inicio, un conflicto interior de la leche.

El conflicto interior de la leche del amigo Kowalski (también llamado Señor Kowalski, Walt o Wally)


¿Por qué se inicia el film en el funeral de Dorothy? Es un punto de partida importante para el prota porque nos sirve para presentar el entorno familiar y, a la vez, el conflicto interior del prota, que después de la muerte de su esposa ya no tiene nada que perder. Al morir su mujer se evidencia su desarraigo, su soledad y ése es el punto de partida de la historia, ahí está el arranque. Hay que saber escoger el momento justo para empezar y para terminar una historia y siempre deben ser puntos altos (el de inicio de conflicto y el de resolución). En las malas pelis se empeñan en contar toda la puñetera vida de los personajes en vez de escoger lo que realmente hay que contar, lo esencial. En cambio, en las buenas pelis, como ésta, se selecciona dónde arrancar y qué mostrar.


Siguiendo con el conflicto interior, el prota encontrará en un vecino desamparado (mi clon hmong) una forma de expiar su sentimiento de culpa (por actos que le atormentan de su pasado y por no haber conseguido ser un buen padre para sus hijos). Walt le dará a este joven las herramientas para defenderse en el mundo. Ay, cómo me identifico con el personaje de Bee Vang (muy muy bien interpretado y sé de lo que hablo), ese torpe, callado y solitario Thao. Proteger a este chico y a su hermana se convertirá en el objetivo, en la última misión épica de este arrugado good bad boy en un mundo al que ya no le ata nada, en el que ya no tiene cabida. Saldrá luchando, haciendo lo que cree que debe hacer. Así, optará por una solución que es totalmente verosímil, aunque no por ello deje de sobrecogernos o sorprendernos (no olvidemos que su último gesto lo ha hecho varias veces durante la película, sabíamos que ese encendedor tendría un triste papel clave y además contábamos con la información sobre su enfermedad). Un the end épico para un personaje que ni en su testamento deja de decir lo que piensa y de la forma en la que lo piensa, con esos gruñidos que esconden una visión triste y desgarradora oculta en tacos y humo de tabaco.

Lanzamiento a discreción de parabienes y algún “pero”:
En fin, como he dicho, ésta es una película de esas que te agarran y te hacen sentir. El bueno de Eastwood conecta con el espectador desde la primera secuencia, desde su primera mirada con el ceño fruncido, desde el primer gruñido, pero no es una obra maestra. Es una peli buena, muy correcta, con un gran Eastwood, unos estupendos diálogos y, sobre todo, un estupendo manejo de los elementos y una adecuación perfecta de la dirección a las necesidades de la historia. Una historia con un humor corrosivo (políticamente muy incorrecto, lo cual es de agradecer), aunque entrañable. Una historia con aroma a tabaco y acordes tristes de fondo, verdaderos aunque quizás pelín tópicos, pero conmovedores y hermosos.

Ah, me dejaba el “pero”. En mi opinión tontorrona, el personaje del cura (Padre Janovich) es flojo. Se le podría haber sacado muchísimo más partido. Quizás el actor no da la talla. Que conste que no tengo nada contra los pelirrojos ¡y menos aún contra las pelirrojas!, pero este actor me ha parecido muy plano y limitado.

En fin, sólo me queda lanzar al aire del No Mundo mi deseo de que se mude al piso de al lado un referente masculino. Alguien que escupa y tenga el trastero lleno de llaves inglesas, clavijas y martillos. ¡Yo también quiero ligarme a la chica y convertirme en un tipo duro (sin acné, claro)!

GRAN TORINO (2008)
Dirección: Clint Eastwood
Guión:
Nick Shenk
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