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03 mayo, 2009

DÉJAME ENTRAR (pelín "spoiler")


Coches de juguete, paredes que hablan y un viaje sin retorno
No sé por qué pero viendo “Déjame entrar” pensé todo el rato en mi amiga agorafóbica. Será que a veces de tan rarita me recuerda casi a un vampiro o será porque ella nunca me ha dejado entrar en su mundo. La última vez que la vi no quiso abrirme la puerta, pero nos estuvimos mirando un rato a través del cristal de su ventana. Sólo nos miramos, sin decir nada. Yo apoyé mi mano en el cristal y ella apoyó la suya sobre la mía (con el cristal en medio, claro). Fue hermoso. Luego frunció el ceño, pasó un paño por su lado del cristal y corrió la cortina. Eso fue todo. Fundido a verde manzana (el color de sus cortinas) y fin de la historia. Como dice una amiga mía, éste es un buen final para mi No historia de amor y, de algún modo, este film me ha hecho decidirme a abrir la puerta a alguien que quiera hablarme (por supuesto, cualquier otra muestra de afecto erótico-festiva será recibida con sumo agrado). Es raro cómo a veces una peli te puede hacer ver cosas sobre tu vida. A mí este estupendo e inusual film me ha hecho ver que tengo que "abrir mi puerta" y eso pienso hacer este verano (me voy con mi amigo, el guaperas, de interrail). Estoy decidido a dejar entrar a la persona correcta (o no) en mi mundo. Así que me temo que, al fin, pueden aparecer sobre esa cortina verde manzana los créditos de cierre con el obligado “The end”.


Sinopsis va sinopsis viene: Oskar, un chaval de 12 años, aterrorizado por unos compañeros de clase, se hace amigo de Eli, una misteriosa vecinita, cuya llegada coincide con unos asesinatos.
El film se inicia de un modo que a mí personalmente me encanta, en faena, sin desperdiciar ni un segundo de metraje en accesorios que no aporten nada a la historia. Estamos en plena noche, calle nevada. Alfredson nos presenta al chico (y no de cualquier forma) jugando con un cuchillo que lleva para protegerse (veremos que la necesidad de protección es una constante a lo largo del film). A través de la ventana ve que llega un coche y de él bajan un tipo mayor y una niña. Luego aparece un tipo que mea en la calle, que obviamente tendrá un papel importante (él, no su pis). Mira hacia el edificio que tiene en frente y se fija en que alguien está cubriendo con cartones las ventanas de un apartamento. Estupendo e inquietante arranque, ¿no?. Muy de Ikea: bello, austero y funcional. Se nos presenta a los personajes principales y se nos abren expectativas. Así mismo, la llegada en coche de Eli (la joven vampiro) con su pareja tendrá su correspondencia al final del film pues se cerrará el círculo. Los personajes:
En este film todos los personajes son perdedores. Son seres desprotegidos y abandonados que buscan sentirse arropados, algunos se refugian en el alcohol (omnipresente) y otros en la chaqueta de su padre.

El vampiro perdedor: Incluso la imagen glamourosa del vampiro se convierte aquí en cutre, triste y sombría. Eli representa la cara menos mágica y atractiva del mito del vampiro. Es un personaje lúgubre, en constante huida, anhelante de la vida que no pudo tener y esclava de su condición. Eli es un ser torturado por su naturaleza, que añora la felicidad de una vida normal que no podrá tener nunca, que se esconde de la luz del sol en una bañera cubierta con una lona y unas mantas, que tapa las ventanas con cartones y que vive en una especie de caos, inmundo y apestoso.
El vampiro que, por el imaginario literario, es un personaje que asociamos a una estirpe aristocrática y rodeado de riqueza y excesos (recordemos, por ejemplo, el lujo y boato del interior del castillo de Drácula) se convierte aquí en un personaje nómada, en constante huida y en constante pérdida.

Así mismo, la pareja de Eli es el paradigma de lo patético, ¡con sus cutres instrumentos de "trabajo" metidos en ese viejo maletín y ese sucio bidón para la sangre! Por no hablar de lo pavorosa de su torpeza. Nunca he visto un asesino menos malvado, menos despiadado. Este personaje se toma su misión como el que tiene que rellenar un larguísimo formulario, con la misma intensidad y energía. Se carga a la gente de una forma torpe, prosaica, deslucida y, sobre todo, patética.

OSKAR & ELI, las dos caras de la moneda: Ella posee lo que él anhela. Valentía, fortaleza, y él es para ella la juventud, la inocencia que ella ya nunca va a recuperar pues es una anciana en un cuerpo de niña. Recordemos esos estupendos diálogos en los que Eli menciona su edad: "Tengo 12 años, más o menos" o
"Tengo 12 años, pero desde hace mucho tiempo".

En cuanto a Oskar: Como nota personal debo decir que yo a los 12 años era mucho menos infantil que el prota de este film y, por supuesto, nunca llevaba un moco colgando. Claro que tampoco he estado nunca a 30 grados bajo cero, como estaban estos dos chavales en las secuencias de noche en el parque. Sin embargo, no puedo decir que el carácter marcadamente infantil de Oskar sea para mí un fallo o que haga el film menos creíble ya que supongo que al ser otra época y otro país nada es comparable (hay que recordar que el film se sitúa en el año 1982 en Blackeberg, un suburbio de Estocolmo), pero sí es algo que me ha llamado la atención.


Por otro lado, el modo en que se plasma en este personaje el paso de niño a adolescente es de un poético que tira de espaldas. Eso sí, todo muy IKEA, sin florituras.

Así mismo, Oskar es un niño que se siente abandonado. Sus padres se han separado y se nos muestra la necesidad que tiene Oskar de sentirse protegido por la figura paterna y a la vez cómo tanto el padre como la madre se han refugiado en la bebida (luego hablaré de cómo se plasma esto visualmente utilizando el fuera de campo). No se ahonda en el drama de la situación familiar del niño (está clara la desestructuración y las carencias afectivas), pero sí se nos dan las pinceladas suficientes para que podamos cocinar el resto del dónut a partir del agujero que se nos muestra. Por ejemplo, durante una estancia de fin de semana con su padre, por la noche llega a la casa un amigo. El padre y el amigo se ponen a beber. Sólo beben, el alcohol es lo único que les abriga. No hay palabras ni risas, no hay nada.

Desprotegidos: Si algo tienen en común todos los personajes de este film es su ansia de protección. Todos parecen estar abandonados, todos son almas solitarias, perdedores. Así se entiende el detalle del niño poniéndose la chaqueta roja de su padre y oliéndola. Esa chaqueta le hace sentirse protegido, abrazado, caliente. Porque en este film no sólo los paisajes son helados, todos los personajes viven en un aislamiento gélido y están deseando abrigarse, ser arropados. En este sentido, se entiende también la caricia de despedida de la niña vampiro al que ha sido su pareja, su protector. Uno de los cambios importantes del film respecto a la novela es el cambio en la relación de Eli con su protector. En el libro se trata de un pedófilo mientras que en el film yo lo interpreto claramente como su pareja, lo cual me parece un gran acierto ya que da más profundidad a la historia y no la lleva hacia otros derroteros. Él obviamente ha envejecido y ella sigue teniendo 12 años. Así, entiendo cómo él le ofrece su cuello antes de arrojarse al vacío. Muchas pelis de vampiros han tratado el tema del envejecimiento de sus parejas mortales. Recuerdo por ejemplo a un anciano David Bowie que moría en brazos de Catherine Deneuve (elegante vamp donde las haya. Dice Maggie que es una vampiresa de verdad, pero ésa es otra historia). En fin, la muerte de las parejas y la búsqueda de una nueva pareja mortal es un tema muy del género y para mí mucho más interesante que el del viejo pedófilo. Además, ya hay suficiente dramatismo.


El silencio
El director comenta que aspiraba a que el film pudiera entenderse quitándole el sonido. No he hecho la prueba, claro, pero aunque los diálogos están bien armados y tienen una personalidad muy marcada e interesante (algunos de los diálogos entre los niños son deliciosos) sí creo que es una peli comprensible de forma sólo visual. Así mismo, el silencio se utiliza como elemento dramático, resaltando con su omnímoda presencia cualquier pequeño ruido o palabra.


Nota curiosa: Se ve que los suecos son muy de no contestar. No contestar a una pregunta es un modo de respuesta para ellos. Eso de "el que calla otorga", supongo. Darle la espalda a alguien es una forma de comunicación. Por ello, quizás los niños se comunican de formas muy peculiares.


La comunicación entre Eli & Oskar:
Cuando hablan en el parque, muchas veces él está de espaldas o hablan sin mirarse. Luego llegan formas de comunicación paralelas, libres de palabras, como el cubo de Rubik, que es su primer punto de conexión, su primer hilo de comunicación y, obviamente el código morse a través de las paredes de sus dormitorios (que les servirá ya a lo largo de su vida como vemos en la secuencia final) o los mensajes que ella le escribe en distintos sitios.
Acabo de darme cuenta de una cosa: Mi amiga agorafóbica igual resulta que es sueca porque también decidió dejar de hablarme y darme la espalda.


El fuera de campo
Aparte de la utilización dramática del silencio, Alfredson maneja con soltura y maestría otros códigos que le dan una singular belleza estética a esta peli. Por ejemplo, la curiosa composición de algunos planos, su duración y, sobre todo, la utilización del fuera de campo (que es en sí una constante del género, cuando se hace bien).

Los padres del niño a menudo aparecen fuera de campo. Están allí pero, en realidad, no están en el mundo de Oskar, en sus problemas. Lo cierto es que son ajenos al infierno que vive el chaval pues están inmersos en sus propios problemas. Tal como he comentado antes, no se ahonda demasiado en el drama familiar pero sí se dejan caer ciertos detalles que crean un retrato completo para el que quiera verlo.

Pequeños enigmas
El film está lleno de detalles que son en sí pequeños y suculentos enigmas. Alfredson pretende establecer un diálogo con el espectador y que éste descubra los secretos de la película. Así pues, el bueno de Alfredson nos invita a llenar los huecos que el film deja y yo he rellenado algunos con mis absurdas interpretaciones pero os pido ayuda para rellenar los enigmas para los que no encuentro respuesta.

Los coches de juguete: La secuencia en la que el protagonista entra en su habitación (aún de niño) y cierra las puertas de todos los coches de juguete tiene un triple y hermoso significado, en mi absurda opinión. Cierra una etapa de su vida, la infancia, y a la vez cierra ese deseo/necesidad de protección pues Eli va a ofrecerle la protección que anhela. Así mismo, también simboliza que ya alguien ha entrado en su mundo de soledad pues ha encontrado el amor de la niña vampiro y ya no necesita que nadie más entre en su pequeño mundo. Cierra la puerta porque ya no va a dejar entrar a nadie más, estaba deseando que alguien entrara y ha dejado entrar a la persona correcta (título real del film) y así nos adelanta que él se convertirá en el nuevo amante-compañero-protector de la niña vampiro para el resto de sus días, ya nunca dejará entrar a nadie más. Así llegaremos al cierre circular, con un estupendo desenlace de género, cuando ambos se van juntos e inician una vida de continua peregrinación. Ella llegaba con su viejo compañero en la secuencia inicial y acaba con el relevo y, de nuevo, la huida.




El champú: Justo antes del desenlace, Oskar está en el vestuario del gimnasio y junto a él hay un bote de champú en el suelo. Obviamente, no es algo casual. ¿Intriga de predestinación? Algo va a desbordarse: los acontecimientos. Todo lo que estaba contenido se va a desparramar, los acontecimientos se precipitan, todo se desborda. Llega el desenlace. Una bella y sutil metáfora visual similar al café que se desparramaba en “American Gangster” justo antes de que Brolin se suicidara.

Un plano que no me quito de la cabeza: Hay un plano que me desconcierta como ningún otro, y no es éste precisamente un film carente de planos inquietantes. Sin embargo, me pregunto qué nos quiere decir el amigo Alfredson con ese plano en el que se ve una especie de pubis con cicatrices. ¿Nos está hablando de la ambigüedad sexual? ¿Es una reminiscencia de la relación pedófila que se plantea en el libro? ¿Una forma de automutilación que iría ligada a la perversión del mito tradicional de la mujer vampiro? ¿No tienen sexo los vampiros? ¡Qué de chorradas puedo soltar en un momento!

Una interpretación que se me ocurre sobre este tema tiene que ver con la condición de mujer fálica que se atribuye a la mujer vampiro por ser una mujer que va contra las normas. Así pues, esa cicatriz podría simbolizar una mutilación de esa condición al igual que hemos visto que se pervierte la imagen glamourosa del vampiro, o se hace un guiño al tema de los crucifijos cuando Eli aparece jugando en el suelo a hacer cruces. Eli simbolizaría, con esta especie de mutilación, la no sexualidad en contra del mito eminentemente lascivo y provocador que la literatura nos ha hecho asociar a la mujer vampiro. No sé, es una interpretación que se me ocurre de pervertir el mito de la mujer vampiro pero no lo tengo nada pero nada claro.

En cuanto a la mujer fálica: La mujer vampiro simboliza en la literatura a la mujer rebelde. La vampiresa, ajena a las normas morales y religiosas, sintetiza una serie de rasgos supuestamente antinaturales con los que se ha tachado siempre a las mujeres que se han rebelado contra los imperativos marcados por la sociedad. Por ello, el personaje de la mujer vampiro es eminentemente sexual, provocador y carnal en contraposición a la imagen de una mujer correcta, modosa y en la sombra. Recordemos los cambios que sufren Lucy y Mina en la obra de Stoker al convertirse en vampiritas.

Así mismo, en el judaísmo uno de los arquetipos míticos es Lilith, la primera mujer de Adán, de quien se decía que, entre otras cosas, se alimentaba de la sangre de los niños no circundados y es inspiradora de muchos personajes de vampiresas seductoras en la ficción por su acentuado carácter sexual.
Así pues, con todo esto quiero decir que la pequeña vampira de este film es la antítesis de la vampiresa seductora y sexualmente irresistible. Ella está continuamente negando la posibilidad de una relación carnal y finalmente vemos ¿que no tiene sexo? Eli es una especie de ser amputado en lo que al mito de la mujer vampiro se refiere. Es la perversión del mito.



¿Qué hace este film tan especial?
En mi absurda opinión, éste es un ”horror film” en toda regla y a la vez es un "horror film" completamente atípico. La expresión inglesa “horror film” es, según tengo entendido, sinónimo de “género cinematográfico fantástico-terrorífico”. Así pues, "Déjame entrar" encaja por un lado en el género "fanterrorífico" (por abreviar) en el que se mueve con comodidad e incluso se hacen guiños sobre el propio género y pervierte ciertas constantes, como hemos visto. Sin embargo, por otro lado, lo que la convierte a su vez en un film tan peculiar es que, sobre todo, se hace hincapié en un enfoque realista. Esto hace de esta péqueña historia algo muy original y único. Es una 'película de vampiros', pero no una cualquiera. Es excepcional, dolorosa y terriblemente sombría. Dice Nosfe que esta peli es solemne y seria con el género como las de Murnau y esto es mucho decir y más viniendo de un ya muerto como Nosfe.


Así mismo, el guión es muy interesante pues en cierto momento nos abre una subtrama que lejos de rebajar la tensión de la trama principal, añade profundidad a ese gélido mundo de seres abandonados en el que la ausencia de la autoridad (no aparecen policías) no resulta inverosímil sino que remarca ese sentimiento de abandono y de desprotección que inunda todo el film.

En resumen:
Este film, basado en la novela homónima de Lindqvist (responsable del guión), mezcla un crudo realismo social con elementos sobrenaturales. Sin duda, un cocktail exótico que, aunque a priori puede parecer pelín indigesto, resulta ser delicioso y fascinante.

En el fondo se trata de una historia de amor extrañamente dulce a la par que sombría como pocas, como ninguna. Lo poético se mezcla con lo gore sin que nada chirríe. Un adolescente marginado y una niña vampiro, ¿puede haber historia de amor más hermosa? Lo dudo. Las pruebas de amor que ella le demuestra son de una dulzura extrema, desgarradora, dentro de esa atmósfera fría, siniestra, desangelada que impregna todo el film y que a mí me ha dejado con unas ganas locas de dejar entrar en mi mundo a la persona correcta y huir eternamente hacia ninguna parte.

DÉJAME ENTRAR (2008)
Dirección: Tomas Alfredson

Guión: John Ajvide Lindqvist

11 marzo, 2009

GRAN TORINO (pelín "spoiler")

Buscando un sitio para las herramientas, el encendedor y el Ford setentero.

Cuando tenía 5 años mi padre se largó de casa, fue un viernes por la tarde. Me dio un beso en la frente y me guiñó un ojo. Por aquel entonces yo no sabía que aquel iba a ser el último beso en la frente que me iba a dar mi padre, pero lo fue y desde entonces en mi vida no hay referente masculino. Las Chicas de Oro, Nosfe (que la palmó una semana después de la fuga de mi padre y acabó disecado porque yo no quería perderle y me negué a enterrarlo) y yo. Sí, ése es mi mundo y no me quejo. Bueno, un poco sí que me quejo, aunque sin razón. Maggie (la Chica de Oro inglesa-esotérica) es un solete y mi madre, aunque sigue sobreactuando y no ha superado su "glorioso" pasado de niña prodigio, hace lo que puede conmigo y yo se lo agradezco, en serio, pero… ¡cuánto me gustaría que apareciera en mi vida un Walt Kowalski! Alguien que me enseñara a convertirme en un tipo duro, a decir tacos de hombre y a gruñir. No sé, supongo que envidio al chaval de la peli. Ojalá alguien me diera las herramientas para defenderme de los macarras del insti, triunfar con las chicas y dejar de ser un adolescente desgarbado, solitario y con acné (porque los tipos duros no tienen acné, eso es así).

En fin, voy a dejar de hablar de mi lamentable vida y voy a hablar de algo que sí merece la pena, y mucho, como es la estupenda “GRAN TORINO”.

Sinopsis va sinopsis viene: Walt Kowalski (el gran Clint Eastwood, claro) es un veterano de la guerra de Corea y jubilado del sector del automóvil. Tras la muerte de su mujer y sin apenas vínculo con sus dos hijos, se queda solo con su perro (¿o es perra? Ahora no me acuerdo, pero es un encanto) y su más preciado tesoro: un Ford Gran Torino del 72. Este tipo malhablado, racista y muy gruñón (me encantan los gruñidos de Eastwood) se verá obligado a enfrentarse a sus prejuicios ante la llegada de unos vecinos de la etnia hmong con los que entablará una relación, muy a su pesar, que lo cambiará todo.


“Gran Torino” es una película concebida con los medios justos, sin grandes alardes, ni ambiciones pero directa como un derechazo (pero uno bien dado, no uno torpe de esos que te dan de refilón). La interpretación de Clint Eastwood es seca, precisa, desprovista de las exageraciones y los tics sobreactuados (de los que mi madre abusó durante su corta y lamentable carrera) que tanto se estilan ahora y así es también la esencia de esta película: simple, dura y, a la vez, conmovedora, llena de verdad y de una extraña y triste belleza (en parte por la aparente simplicidad de la propuesta y de los personajes) porque en este film todo se convierte en metáfora. Esta es una de esas pelis en las que todos los detalles quedan unidos y van cobrando profundidad, se van cargando de simbolismo, porque se trata de una peli redonda.

Sin embargo, aunque creo que es una peli redonda, en mi absurda opinión, no es la mejor de Eastwood (como director), pero sí es una película que juega con las herramientas adecuadas para enganchar al espectador y hacer que ría y se emocione de la mano de un entrañable gruñón. Una de esas pelis en las que no te giras para mirar a los lados porque te atrapa desde la primera y gloriosa secuencia de presentación de personajes. La cara de Eastwood es un poema desde el principio. ¡Qué diablos, es un puñetero haiku! Transmite y conmueve con suma simplicidad.



El desarraigo

Como en todo buen guión (porque no hay que olvidar que una buena peli siempre se apoya en un buen guión), los elementos que se muestran tienen importancia y nada queda en simple anécdota.

Así pues, en este film todo gira en torno a un tema de fondo, el desarraigo. Por ejemplo, la nieta-monstruo materialista nos sirve para introducir el elemento clave, el “Gran Torino”, pero no sólo para ello. El film nos muestra un crudo retrato familiar que tendrá como colofón el cierre escalofriante en torno al coche. ¿Y qué es en realidad ese coche? Es una vieja reliquia de otra época, de un momento en el que la gente llevaba coches americanos. Es un anacronismo y, por ello, es en sí mismo una metáfora del propio personaje que Eastwood interpreta y, a su vez, de forma extensiva se convierte en metáfora de todo lo que en este film se trata. Puesto que, en mi absurda opinión, en este film todos están fuera de lugar o, peor aún, son desarraigados, no tienen ningún lugar, no pertenecen a ningún sitio.

Desde el desarraigo podemos entender el personaje de Walt Kowalski: un blanco en un barrio en el que ya sólo viven inmigrantes. Así mismo, su coche es una vieja reliquia americana de los años 70 en un mundo de modernos coches japoneses. Sus vecinos hmong son una etnia sin lugar al que volver y extranjeros en todas partes. Por último, incluso la banda causante del conflicto que vertebra la trama principal son también desarraigados.

Así pues, en mi absurda opinión, el tema de fondo del film es el desarraigo y, cómo no, el McGuffin en torno al que se monta la historia, que destila por todas partes ese tema de fondo, es el Gran Torino.


¿Por qué "Gran Torino"?

Si bien el éxito del film tiene casi todo su peso en el papel encarnado por Eastwood (no puedo imaginar a Kowalski con otro rostro), la historia se vertebra de forma muy clara sobre un elemento, sobre un objeto. Estoy hablando, claro, del Ford Gran Torino. Quiero detenerme en mostrar todas las funciones que cumple este elemento en el transcurso de la historia. ¡Si esto no es sacar provecho de un elemento, yo soy un sex symbol!

Funciones del "Gran Torino" (no en vano da título al film): Sirve para presentar a la nieta materialista (es decir, el conflicto familiar) y cerrará, asimismo, el desalentador retrato de familia. Sirve para vertebrar la trama con la banda de macarrillas y, a su vez, es el tesoro que todos quieren tener y que el aprendiz de tipo duro (Thao) intenta robar (primer encuentro entre maestro y aprendiz y, por cierto, ¡encuentro desafortunado donde los haya!). Esto da pie a un inicio de relación que irá evolucionando de la confrontación (porque el conflicto es básico para crear interés) a la amistad. Siempre tiene que haber un buen conflicto para que la evolución de una relación sea interesante. Finalmente, el coche será el legado del protagonista (el maestro) para el aprendiz de tipo duro, para el chaval que ha heredado las herramientas para construirse un lugar en el mundo.
A veces me pregunto por qué me da por escribir tantas chorradas pero es que me pongo y no hay quién me frene. Será que sólo tengo a Nosfe a mí lado y eso es casi como estar solo. En fin, como no tengo un vecino gruñón que me suelte a la cara cuatro verdades pues aquí sigo, a lo mío, a lo tonto.

Por cierto, si antes he dicho que el conflicto es básico para crear interés en el espectador, está claro que aquí el prota tiene además, desde el inicio, un conflicto interior de la leche.

El conflicto interior de la leche del amigo Kowalski (también llamado Señor Kowalski, Walt o Wally)


¿Por qué se inicia el film en el funeral de Dorothy? Es un punto de partida importante para el prota porque nos sirve para presentar el entorno familiar y, a la vez, el conflicto interior del prota, que después de la muerte de su esposa ya no tiene nada que perder. Al morir su mujer se evidencia su desarraigo, su soledad y ése es el punto de partida de la historia, ahí está el arranque. Hay que saber escoger el momento justo para empezar y para terminar una historia y siempre deben ser puntos altos (el de inicio de conflicto y el de resolución). En las malas pelis se empeñan en contar toda la puñetera vida de los personajes en vez de escoger lo que realmente hay que contar, lo esencial. En cambio, en las buenas pelis, como ésta, se selecciona dónde arrancar y qué mostrar.


Siguiendo con el conflicto interior, el prota encontrará en un vecino desamparado (mi clon hmong) una forma de expiar su sentimiento de culpa (por actos que le atormentan de su pasado y por no haber conseguido ser un buen padre para sus hijos). Walt le dará a este joven las herramientas para defenderse en el mundo. Ay, cómo me identifico con el personaje de Bee Vang (muy muy bien interpretado y sé de lo que hablo), ese torpe, callado y solitario Thao. Proteger a este chico y a su hermana se convertirá en el objetivo, en la última misión épica de este arrugado good bad boy en un mundo al que ya no le ata nada, en el que ya no tiene cabida. Saldrá luchando, haciendo lo que cree que debe hacer. Así, optará por una solución que es totalmente verosímil, aunque no por ello deje de sobrecogernos o sorprendernos (no olvidemos que su último gesto lo ha hecho varias veces durante la película, sabíamos que ese encendedor tendría un triste papel clave y además contábamos con la información sobre su enfermedad). Un the end épico para un personaje que ni en su testamento deja de decir lo que piensa y de la forma en la que lo piensa, con esos gruñidos que esconden una visión triste y desgarradora oculta en tacos y humo de tabaco.

Lanzamiento a discreción de parabienes y algún “pero”:
En fin, como he dicho, ésta es una película de esas que te agarran y te hacen sentir. El bueno de Eastwood conecta con el espectador desde la primera secuencia, desde su primera mirada con el ceño fruncido, desde el primer gruñido, pero no es una obra maestra. Es una peli buena, muy correcta, con un gran Eastwood, unos estupendos diálogos y, sobre todo, un estupendo manejo de los elementos y una adecuación perfecta de la dirección a las necesidades de la historia. Una historia con un humor corrosivo (políticamente muy incorrecto, lo cual es de agradecer), aunque entrañable. Una historia con aroma a tabaco y acordes tristes de fondo, verdaderos aunque quizás pelín tópicos, pero conmovedores y hermosos.

Ah, me dejaba el “pero”. En mi opinión tontorrona, el personaje del cura (Padre Janovich) es flojo. Se le podría haber sacado muchísimo más partido. Quizás el actor no da la talla. Que conste que no tengo nada contra los pelirrojos ¡y menos aún contra las pelirrojas!, pero este actor me ha parecido muy plano y limitado.

En fin, sólo me queda lanzar al aire del No Mundo mi deseo de que se mude al piso de al lado un referente masculino. Alguien que escupa y tenga el trastero lleno de llaves inglesas, clavijas y martillos. ¡Yo también quiero ligarme a la chica y convertirme en un tipo duro (sin acné, claro)!

GRAN TORINO (2008)
Dirección: Clint Eastwood
Guión:
Nick Shenk

01 febrero, 2009

LA CLASE

Entre los muros de mi habitación

Llevo 1 semana en la cama con gripe ¡y por poco no lo cuento! No es que la gripe haya sido más virulenta de lo habitual, lo que pasa es que Las Chicas de Oro casi acaban conmigo. Mi madre que, como creo que os he contado, fue niña prodigio sigue creyéndose la más especial de las florecillas del bosque y, por ello, no asume su edad y, claro, al no asumirla pues, entre otras muchas cosas insensatas, no se pone las gafas ¡y eso que no ve un pijo! Por otro lado, su querida y esotérica coleguilla Maggie acaba de operarse de cataratas y tampoco ve un pimiento. Pues bien, estas dos cegatas en potencia se emperraron en que yo estaba con 41 de fiebre. Las dos mirando fijamente el termómetro sin ver ni jota, claro. Obviamente ninguna de las dos podía ver la puñetera línea de mercurio y se dejaron llevar por una especie de histeria colectiva. No sabéis lo que me costó quitármelas de encima. Sí, vale, es cierto que yo tenía fiebre ¡pero sólo 38 grados! Os juro que el simple hecho de imaginarme en bolas dentro de una bañera llena de cubitos de hielo con Maggie y mi madre al lado, histéricas perdidas, me daba ganas de morir.

En fin, tuve que encerrarme en mi habitación para evitar que ese par de locas me metieran en la bañera. Afortunadamente, no llamaron a los refuerzos porque si llegan a aparecer el resto de Las Chicas de Oro, en plan Geos entrando por la ventana de mi habitación, ya no hubiera habido manera de librarme de una muerte segura ¡y bastante humillante, la verdad!

En cierto modo, estar enfermo en mi casa con Las Chicas de Oro vigilando cada ataque de tos me hace echar de menos el instituto y eso que, para un tipo desgarbado, tímido y con acné como yo, el insti no es precisamente el paraíso.

Y hablando de institutos, me viene a la cabeza una estupenda película que vi hace un par de semanas. Se trata, cómo no, de “La clase” de Laurent Cantet, como sabéis, Palma de Oro del festival de Cannes.

Esta es una de esas películas, una de esas rarezas, que resultan fascinantes en muchos aspectos y es una de esas pelis de las que apetece conocer cómo diablos se han podido llevar a cabo.



Husmeando un poco en “La Clase” de Laurent Cantet:

Ficcionar una realidad documental - Docuficción // ¿Cómo leches se ha conseguido este resultado?
El guión de este muy necesario film parte del libro de François Bégaudeau
(profesor de secundaria y que interpreta a su vez al profesor protagonista) y de personajes y situaciones que Cantet añadió para potenciar ciertos aspectos y crear una línea estructural con un conflicto (más evidente pero que se hilvana de forma natural dentro de la esencia de invitación a reflexionar del film) que vertebra el film de un modo convencional, en cuanto a la estructura a seguir en cualquier relato de ficción. De no haberse creado el caso Souleymane, la estructura hubiera carecido de un conflicto evidente y narrativamente hubiera sido menos eficaz , aunque quizás no desde el punto de vista de un ejercicio de reflexión sobre el sistema educativo y la propia pedagogía.

No olvidemos, sin embargo, que éste es un falso documental y, por ello, también es lógico que se cree una trama que muestra la evolución de un conflicto concreto que, a su vez, sirve para enganchar al espectador que, de otra forma, probablemente no aguantaría 2 horas dentro de ese aula.

Sin embargo, es curioso saber que los alumnos-actores nunca leyeron el guión. Cantet llevó a cabo talleres de improvisación en los que se proponían temas y lo que salía de allí iba enriqueciendo el guión. Durante el rodaje, Cantet daba a los alumnos-actores ciertas frases y François (el profe en la ficción y en la realidad) lanzaba una improvisación y poco a poco se iba afinando hasta que se conseguía un resultado muy pero que muy cercano a lo que se había guionizado. Cantet afirma que tras 5 ó 10 tomas se llegaba a una escena muy parecida a la escrita pero planteada a través del lenguaje de los alumnos, de lo espontáneo, de lo natural. Es alucinante, ¿no? A mí, desde luego, me lo parece.



El uso del primera plano

Llama la atención el dinamismo que se desprende de cada plano, es casi como si Cantet se hubiera propuesto simular los movimientos del ojo humano en medio de un debate. Lo vemos todo, una mirada rápida, de cerca (Cantet no se corta si hay que emplear un zoom), otro primer plano y otro, no se nos escapa nada, todas las reacciones quedan plasmadas por igual. Todo queda reflejado en esta cinta que nos mete en una clase y nos sienta en uno de esos pupitres.

Cantet dice utilizar el primer plano para aislar a los personajes. Además, está claro que este uso-abuso del primer plano evidencia el trato igualitario que se les da a todos los personajes. Todos los personajes se muestran por igual, no hay jerarquía. Se encuadra igual al profesor que a los alumnos.

El uso del primer plano también refuerza, según Cantet, la idea de que están encerrados.

La planificación así mismo no se rige por criterios estéticos preestablecidos sino que existe una clara determinación de mostrar la viveza del debate, la silmultaneidad de las intervenciones, la espontaneidad de lo que surge aquí y allá, en la primera y en la última fila.

Cantet nos mete en la clase y nuestra mirada sigue de forma natural lo que va ocurriendo, el fluir de la clase, sin jerarquías ni planificaciones preconcebidas.


Un profesor contra el sistema

Sin embargo, no estamos ante el retrato de un sistema educativo sino ante el retrato de un profesor y su clase. Es más, la última parte del film es el profesor y todo su dilema respecto a un sistema educativo que cree que no se acomoda a las necesidades de los alumnos

Este film lanza muchas ideas para una reflexión ulterior y, sin duda, el rol del profesor, sus retos y dudas, cómo debe éste enfrentarse a las necesidades de un alumnado multicultural, están ahí planteadas, esperando a que cada uno reflexione sobre ellas. Queda plasmada la dura tarea del educador, cómo diariamente tiene que conquistar terreno, motivar y no dejarse vencer por la desgana.

La reflexión sobre el lenguaje, el lenguaje como arma
El problema de cómo enseñar desde un prisma de alta cultura cuando los alumnos tienen referentes y realidades que muchas veces ya nada tienen que ver con los contenidos que se dan en el aula es uno de los temas que se plantean en este film. El hecho de cuestionarse la utilidad de los contenidos, el para qué me sirve esto es algo interesante y mucho más dentro de esta nueva sociedad en la que las diferencias sociales están tan marcadas, en esta sociedad de mestizaje. ¿Deben aplicarse los mismos contenidos? Sin duda, es lógico que los alumnos se lo planteen porque no todos los alumnos juegan en la misma división. El ejemplo de pretérito imperfecto de subjuntivo que sale en un momento del film y cómo el profesor hace hincapié en que hay que dominar el lenguaje para saber utilizar el registro adecuado en cada situación es un gran ejemplo de cómo hay que estar motivando constantemente a un alumnado profundamente desigual. Hay que motivar, hacer ver la utilidad del saber.

Cuál es el gran acierto de este film

En mi absurda opinión, el gran acierto de Cantet reside en la renuncia a proporcionar respuestas, a proponer un discurso moral o pedagógico que se imponga sobre lo que se nos muestra. En este film se lanzan preguntas y se invita a la reflexión.

La apuesta central del film es interrogar al sistema educativo desde el ámbito del aula (el aula como caja de resonancia) y me parece una apuesta valiente, necesaria y, sobre todo, muy bien plasmada pues no pretende dar lecciones a nadie.


Lo más alucinante

Que durante 2 horas el espectador esté plenamente interesado y metido en esa clase.

Durante más de una hora la película hilvana sucesivas escenas que se enmarcan dentro del espacio de discusión alumno-profesor. Poco a poco (la realidad se ficciona para que así sea más digerible) y de forma muy bien integrada se abre paso un argumento dramático (es decir, el conflicto que toda obra necesita para que el espectador se enganche), el caso Souleymane (que no existía en el libro y que es introducido con muy buen criterio, claro, por Cantet), que llevará al altercado en la clase, la aparición de la madre del niño en el consejo disciplinario, la resolución del mismo y que, a su vez, generará el conflicto interior del profesor (su dilema respecto al sistema educativo).

Se huye de los mensajes maniqueos y de ese tipo de peli en la que se consigue la redención del alumno rebelde, que en el fondo tiene buen corazón, claro. En este film no se parte de una base de buenos y malos, se parte de una realidad plural, compleja y poliédrica. Un gran film que nada tiene que ver con las pelis del profe bueno que se gana a los alumnos rebeldes sin causa dándoles chocolatinas. En este film se va a un meollo mucho más maduro y complejo, no es un film de sobremesa. Esta película es una reflexión madura y valiente que no intenta aleccionar a nadie.

Ay, qué grande es ese país que tenemos al lado. Un país cuya cinematografía es capaz de dar cabida a proyectos como éste y tener la sensatez de premiarlos y reconocer su grandeza y su gran importancia porque no se trata sólo de tener medios, sino de tener realmente algo que decir.

"Entre les murs" (2008)

Dirección: Laurent Cantet

Guión: François Bégaudeau, Robin Campillo, Laurent Cantet

(Libro: François Bégaudeau)

09 diciembre, 2008

BOLT


A la sombra de unos guantes de látex talla única

Este fin de semana la chica Burton, la que salía con mi amigo el guaperas, me dijo que se aburría con él y que yo le parecía mucho más interesante. Lo soltó así, sin darle mucha importancia, y luego se encendió un cigarrillo. Al principio, claro, creí que era una broma diabólica y que, si yo picaba el anzuelo, en el momento menos pensado acabaría con un cubo de sangre de cerdo sobre la cabeza (lo cual dudo que fuera beneficioso para mi acné). Sin embargo, la sorpresa vino cuando me di cuenta de que ¡hablaba en serio! Me quedé pasmado y, aunque yo soy bastante buen amigo (a pesar de lo locas que están mis hormonas), la verdad es que lo que realmente me echó para atrás fue el recuerdo de aquel beso con mi amiga agorafóbica. Supongo que todavía la echo de menos. Aunque ya no mucho, apenas un par de veces (o quizás 16 ó 18) cada maldito día. Creo que la sombra de aquel beso con guantes de látex aún está muy presente en mí y me preguntó si algún día me podré quitar de encima esta maldición ¡que me impide liberar mis hiperbólicas hormonas adolescentes!

Apabullado ante una situación tan alucinante (está claro que es inaudito que una chica me prefiera a mí antes que a mi amigo el guaperas), me refugié, claro, en la fila 8 de un cine. Fui a ver “BOLT” animado por el recuerdo de la reciente y fantástica “WALL-E” pero, claro, ni todas las chicas del mundo son mi amiga agorafóbica ni todas las pelis de animación son “WALL-E”.

BOLT es algo así como la versión canina y con superpoderes de “El Show de Truman”. La primera secuencia (que se inicia con un plano de un escaparate hiperrealista) promete un alarde técnico y quizás creativo similar al de otras joyas de la animación pero, lamentablemente, BOLT no es una joya sino más bien una simple pulserita de temporada.

BOLT es una película de animación para niños. No tiene varios niveles de lectura ni un guión magistral. De hecho, el guión tiene bastantes agujerillos y problemitas varios. Además, los diálogos y las situaciones son poco ingeniosas. Así que, aunque la idea de arranque es prometedora, no se le sabe sacar partido y el desarrollo de la misma deja mucho que desear.

El planteamiento (o presentación) se hace largo. Es decir, hay demasiadas secuencias en las que se nos muestra a Bolt como superhéroe de ficción. Al espectador ya le ha quedado claro que se trata de un rodaje y sabe que, en realidad, todo eso no conduce a nada. Por tanto, la dilatada presentación se hace reiterativa y pesada. Así pues, el primer punto de giro, que nos lleva al nudo, llega tarde. Se hace esperar demasiado y el espectador, o al menos yo, se cansa. Este punto de giro es el momento en que Bolt escapa del set de rodaje y acaba en el mundo real.


El arranque del nudo es la parte más potente. Hay ritmo puesto que el protagonista, el amigo Bolt, tiene una misión clara: salvar a su dueña-amiga de las garras del malo (ésta es la trama de la serie, claro, pero Bolt cree que es real). El espectador tiene también sensación de que van a pasar cosas, de que se inicia una aventura y, por tanto, se crea interés. Así mismo, es la parte en la Bolt reúne a sus compañeros de viaje: la gatita callejera y la chinchilla obesa (uno de los personajes con más gracia. Sin olvidar a las palomas y al agente de la niña, que no tiene desperdicio). Sin embargo, en vez de crear una serie de aventuras y peripecias para llegar hasta el tipo malvado y salvar a la niña, el conflicto interior del protagonista se hace patente enseguida. Bolt se empieza a hacer preguntas sobre su vida, sus superpoderes, etc. Así pues, el espectador pierde la sensación de que van a pasar cosas en cuanto el protagonista ha perdido el rumbo. Es decir, el prota ya no sabe muy bien hacia dónde tirar y el guión tampoco y entonces el espectador empieza a tener la sensación de que en realidad no está pasando nada. Por ello, el nudo del film acaba siendo flojo y se hace largo y, de nuevo, pesado.

Podría haber sido una road movie llena de situaciones ingeniosas pero no lo es porque el protagonista deja muy pronto de tener claro cuál es su objetivo y no hay una meta clara. Más que una aventura, se trata de dar tumbos y estos tumbos, además, no tienen demasiada gracia.

El desenlace, en mi absurda opinión, está bien resuelto. Es lo que el espectador adulto-adolescente sabe que va a pasar desde el principio, claro, pero está bien resuelto.

No sé, cuando se apagan las luces y me encuentro sentado en la fila 8, yo siempre espero ilusionado encontrarme con otra maravilla como Wall-E pero, precisamente, lo que hace especial a Wall-E y lo que hace especial a mi amiga agorafóbica es que son dos joyas raras y únicas.

"BOLT" (2008)

Dirección: Byron Howard y Chris Williams

Guión: Dan Fogelman y Chris Williams

08 octubre, 2008

ll y a longtemps que je t'aime

Un fraude sin flequillo, una colilla en el andén y un merengue de postre

Maggie, la amiga inglesa de mi madre, se empeñó en que me cortara el pelo. “Un nuevo look te hará un hombre nuevo” me dijo en tono confidencial. El caso es que piqué. Cuando se ponen todas Las Chicas de Oro a darme la lata con algo pues, al final, acabo accediendo por agotamiento.

En fin, que yo antes tenía un largo flequillo tras el que me escondía y tras el que escondía la mayor parte de mi acné y ahora llevo el pelo corto (muy corto y de punta). Bueno, se trata de “un corte estiloso y ligeramente despeinado”, según las Chicas de Oro, pero el caso es que yo me miro en el espejo y veo a un imbécil que no sé quién es. Un tipo que intenta aparentar algo que no es. La verdad, mi flequillo formaba parte de mí, era una seña de identidad. Ya sabéis, yo era ese chaval rarito, larguirucho, con el pelo un poco largo cubriéndole parte de la cara. Ahora es como si fuera en pelotas y no me siento precisamente un hombre nuevo, sino un fraude. Un fraude desnudo y con acné.

Bueno, como suelo hacer, me colgué mi cabreo a la espalda y me largué al cine. Sentado en la fila 8 aún me apartaba con la mano un flequillo inexistente.

Sinopsis va sinopsis viene: Juliette (Kristin Scott Thomas) sale en libertad después de pasar quince años en la cárcel. Durante ese tiempo no ha tenido ningún contacto con su familia, que la rechazó por algo que ella hizo (un secreto que se va desvelando a lo largo del film). Léa, su hermana menor, la acoge en su casa, donde vive con su marido Luc y dos hijas adoptivas. Debido al largo encarcelamiento de Juliette, las dos hermanas son como extrañas y el film es, básicamente, la evolución de esta relación.

Juliette, la mujer fría y extraña, que oculta un terrible secreto y que acaba de salir de la cárcel es un personaje que interesa durante un rato pero las expectativas sobre el personaje se van desinflando y acaban espachurradas en el suelo cuando un planteamiento que podría ser novedoso y arriesgado (quizás recordando a un complejo personaje como el de “La pianista”) acaba tornándose ñoño, previsible, poco valiente y 200 veces menos interesante de lo que prometía.

La evolución de la relación entre las dos hermanas podría haber sustentado un film menos pretencioso y más sincero pero el personaje–fraude acaba estropeando cualquier buena intención.

En fin, una historia que empieza con cierto misterio y con un personaje muy interesante y oscuro que acaba convirtiéndose en algo decepcionante y tedioso.

Además, este film, sin duda rebosante de buenas intenciones, tiene algo así como un sarpullido de tópicos ¡Los tópicos salen por todas partes! La hermana buena es profe de universidad. Es genial, en las pelis francesas TODOS son profes de universidad y súper cultos (no podía faltar una referencia a Eric Rohmer en un diálogo del film, claro. ¿Habrá un libro de estilo del buen intelectual francés?). Además, Léa y su marido han adoptado a 2 niñas (Son una pareja de anuncio: tolerantes, cultos y elegantes a la par que informales). Luego, por supuesto, también está el grupito de amigos, no pueden faltar los amiguetes cultos. Lo que decía, ¡siguen un manual!

En fin, como habréis intuido, me sentí engañado. Resulta que me presentan a un personaje oscuro y me hacen tener grandes expectativas sobre lo que esa mujer oculta y luego todas mis expectativas acaban pisoteadas como una colilla en un andén con una ñoña justificación, una explicación que lo endulza todo y lo convierte en un tartazo de nata y merengue en mi cara.

Aparte de esta gran decepción, debo comentar que me han sobrado secuencias que no llevaban a ningún lado y que me han chirriado varios diálogos, demasiado literarios y pelín petulantes.

No sé, quizás no sea buena idea ir al cine con el cabreo a la espalda. Creo que he sido muy duro con esta peli. En fin, a lo mejor la vuelvo a ver cuando me crezca de nuevo el flequillo, cuando vuelva a ser yo, en vez del fraude que soy ahora.

"ll y a longtemps que je t'aime" (2008)
Dirección: Philippe Claudel
Guión: Philippe Claudel
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